martes, 17 de julio de 2012

Capítulo 9: Mace

  -No sé yo... -digo no del todo convencido mientras me miro en el espejo-. Parezco un guarda-espaldas.
  -Estás muy guapo -dice Brook con una sonrisa. Se gira hacia Matt, que está sentado en la cama tecleando en el móvil-. ¿Tú qué opinas?
  -Eh... Sí, está bien -dice de forma seca para después volver a la pantalla del móvil.
  Brook se acerca lentamente a mí, escudriñando cada milímetro. Finalmente, sonríe satisfecha y asiente llevándose el dedo a la boca. Se coloca junto a mi y me da un sonoro beso en la mejilla.
  Oigo a alguien toser y acto seguido Matt se levanta dispuesto a irse, excusándose porque tiene que preparar la comida para la fiesta. Brook se despide rápidamente de él y vuelve a centrar su atención en mí. Lleva sus manos a la chaqueta y la desliza hacia abajo por mis brazos, quitándomela. Después, las desliza hasta los botones de la camisa y los desabrocha lentamente, rozándome de vez en cuando la piel y haciendo que me estremezca. Se acerca lentamente a mi oído e instintivamente cierro los ojos, esperando contacto. Pero el contacto no llega.
  -Deberías quitarte la ropa y guardarla para esta noche -me dice en un susurro casi inaudible.
  Se da la vuelta y se va.
  Al rato oigo unos pasos y veo a la madre de Brook pasar por delante de la puerta de mi habitación.
  -Hola, cielo -me saluda detrás de un cesto cargado con ropa-. ¿Ya tienes la ropa para la fiesta?
  -Sí -le contesto con una sonrisa, siendo consciente de que aún estoy sin camiseta-. Matt me ha dejado un traje y según Brook, me queda bien.
  -Me alegro -dice apoyándose el cesto en la cadera y pasando el peso a la otra pierna-. Y con ella ¿qué tal?
  La pregunta me pilla desprevenido. Me limito a sonreír y a pasarme la mano por la nuca.
  -Muy bien, hemos cogido confianza enseguida -contesto, intentando esquivar otra posible pregunta.
  -Eso está muy bien -dice sonriendo-. Sí señor.
  Se encamina hacia la puerta para salir de la habitación, pero se detiene y se lleva una mano a la frente, acordándose repentinamente de algo.
  -Mace, cielo, ¿te importaría subir al desván para bajarme unas cajas. Dile a Brook que te ayude.
  Ana desaparece por el pasillo tras dedicarme una amable sonrisa con el cesto de ropa sobre la cabeza. Bajo corriendo las escaleras y de repente noto una vibración en el bolsillo trasero de los vaqueros. Miro la pantalla parpadeante y veo el nombre de Sam en el móvil. Acepto la llamada y me llevo el teléfono al oído.
  -Dos tetas y ya te olvidas de tu mejor amigo, ¿eh? -dice a modo de saludo.
  -¡Y qué tetas! -contesto yo.
  -¿Qué tal, tío? ¿Cómo va todo por allí? ¿Ya ha habido tema? -mientras dice esto, me imagino que si hubiera estado al lado de Sam, me hubiera propinado un par de codazos acompañados de guiños. 
  -Muy bien, pero os echo de menos.
  -¡Y nosotros a tí! Sin nuestro Romeo, las chicas no se nos acercan ni a punta de navaja.
  Los dos reimos.
  -¿Qué tal con tu Gisele Bündchen?
  De forma totalmente involuntaria lanzo un largo suspiro.
  -¿Tan mal va la cosa, tío?
  -No, no, va genial, pero no se, Sam, no soy yo. O sea, sí que lo soy, pero me está cambiando.
  -¡Te está amariconando! -dice a punto de estallar de la risa.
  -Noo -digo exasperado-. Es que no me comporto como siempre; no tengo ganas de utilizarla y ya, ¿sabes? No quiero tirármela sin más. Me... -me cuesta horrores pronunciar estas palabras- gusta -digo finalmente-. Y mucho.
  Sam se queda en silencio y finalmente suspira.
  -¿Y qué crees que va a pasar al final?
  -No lo sé... -me froto el cuello con una mano-. Pero quiero estar con ella. Y probablemente después del verano también.
  -Pues si es así, me alegro mucho, Mace. Bueno, tengo que ir a recoger a mi hermana a ballet. Luego hablamos.
  -Adiós, Sam.
  Cuelgo y justo antes de guardar el móvil, vuelvo a notar una vibración, pero esta vez de mensaje.
Voy este fin de semana a Londres, a casa de mis tíos, si quieres nos podemos ver. El otro día me dejaste con ganas de más...Te quiero en mi cama. Jin.
  Se me había olvidado por completo; Jin. Habíamos quedado de vernos en Londres. Pero eso era antes de haber vuelto a ver a Brook. Ya no quiero ver a más chicas. Me propongo borrar el mensaje, pero justo en ese momento, Brook llega del jardín con una gran maceta vacía. Me meto el móvil en el bolsillo y acudo a ayudarla y ella me lo agradece con un beso en la mejilla.
  -Me ha dicho tu madre que subamos al desván a por unas cajas.
  Brook abre los ojos al caer en lo que la estoy pidiendo y se precipita escaleras arriba, hacia las que llevan a la última planta.
  Cuento los peldaños y llego hasta los dieciocho justo antes de llegar a una enorme habitación prácticamente vacía, únicamente ocupada por unas cuantas cajas aquí y allí, un viejo escritorio con una silla, unas cuantas alfombras enrolladas y una gruesa capa de polvo. Brook me explica que eso antes era el despacho de su padre, y que su madre, por falta de utilidad, decidió utilizarlo como trastero, aunque ella llevaba sin subir allí desde la muerte de su marido. Antes Brook solía pasar horas y horas tirada en el suelo junto a su padre, ella leyendo o haciendo los deberes, y él absorto en su trabajo, haciendo cuentas o revisando cartas. Ahora Brook sólo subía de vez en cuando, puede que una o dos veces al mes, ya que no le gustaba recordar ciertas cosas. Veo una ventana redonda, no muy grande, situada al otro lado de la habitación. Me dirijo hacia ella y observo divertido que bien podría hacerse pasar por el ojo de buey de un barco. En ese momento, una idea pasa por mi cabeza, aunque de forma fugaz, ya que se podría tachar de locura.
  -Son estas -me dice Brook en un tono alto mientras señala una pila de cajas.
  Bajamos las cajas, aunque mientras, yo sigo dándole vueltas a la idea que he tenido hace unos minutos. Dejamos las cajas en la cocina y Brook me dice que se va a preparar para la fiesta. 
  Me encuentro con Ana cuando me dirijo a mi habitación para asearme y de nuevo la idea me golpea la mente. 
  -Ana. es que... -la madre de Brook me mira con ojos amables, mientras se coloca un mechón de su alborotada melena rizada detrás de la oreja; son iguales-. Bueno, me he fijado que el desván necesita una mano de pintura, y, si quieres, me puedo ofrecer a hacerlo. Si te parece...
  -Bueno -dice, y puedo notar como sus mejillas se sonrojan ligeramente-, en realidad, te lo agradecería. Llevo mucho tiempo intentando hacerlo, pero no puedo -dice encogiéndose de hombros a la vez que a mi se me encoge el corazón.
  Le explico mi idea y también que quiero que sea mi regalo para Brook. Ella parece encantada con mi sugerencia y me promete no decir nada. Me encamino hacia mi habitación para salir al cabo de media hora listo. Espero a Brook en el porche, sentado en uno de los peldaños. Cuando oigo abrirse la puerta de la entrada, me levanto y me sacudo los pantalones. Bajo la vista y cuando la levanto y me encuentro con sus ojos, dudo por unos instantes que sea de noche. Lleva un vestido negro sin tirantes (¿por qué no va siempre con un vestido de esos?), el pelo suelto y ondulado le cae por la espalda y la sonrisa perfecta está bordeada por un color rojo que  queda igual de bien que su natural color rosado habitual. Se acerca a mí y observo que ya no me llega por la barbilla; ahora sus ojos están a la altura de mi nariz. Bajo la vista hacia sus pies y entonces lo entiendo todo. Lleva sus manos al cuello de mi camisa para colocarme la pajarita negra que finalmente no he conseguido ponerme y noto cómo un escalofrío recorre mi espalda. Vuelve a escudriñarme y al llegar a mis pies suelta una carcajada. Miro a mis Converse negras y muestro la mejor de mis sonrisas, del tipo que hace que Brook se quede embobada mirándome. 
  -Estaba muy incómodo con los otros -digo a modo de excusa.
  -No me preguntes por qué, pero te queda increíblemente bien -dice sonriendo de lado.
  -Es... -empiezo a decir.
  -El unicornio azul de los conjuntos -termina ella con sonrisa triunfal.

  -Estás muy guapa -digo mientras miro a Brook de soslayo.
  Brook me mira directamente y se para en seco. Al detenerme yo también, se abalanza -literalmente- a mi cuello y empieza a besarme y a morderme, hasta que caemos en la cuenta de que estamos en la calle para ir a un sitio y no para magrearnos. Se peina y se retoca el pintalabios que ahora tiene en forma de borratajo.
  Llegamos a la casa de Matt al cabo de quince minutos. Probablemente me habría perdido en un barrio en el que todas las calles son iguales, y que en esas calles, todas las casas son idénticas: mismo tejado, misma pintura, mismo buzón junto al mismo cubo de  basura, mismas flores y mismas señoras que cuidan de esas mismas flores. Pero en esta ocasión no lo hice ya que la música house sonando a todo volumen es inconfundible.
  Llamamos a la puerta varias veces, pero intuyendo que si esperamos fuera a que nos abran, podríamos estar toda la noche, Brook decide pasar por el jardín. Entramos por un pasillo acabado en una valla de madera oscura rodeado de arbustos a la derecha de la casa.  Al llegar al final, no puedo ocultar mi asombro al ver a unas treinta personas vestidas de gala alrededor de la piscina, riendo y bailando.
  -Si esto lo hace de despedida, ¿qué hace por su cumpleaños? -pregunto con seriedad, sin ánimos de ser gracioso.
  Brook saluda a un par de personas mientras nos abrimos paso hacia donde está Matt. Llegamos a su posición y Brook le da un abrazo para después ponerse a mi izquierda y darme la mano. Le ofrezco la mano que me queda libre a Matt para que la estreche, pero mientras me corresponde el saludo, noto que me mira fijamente el cuello. Miro a Brook de forma interrogante.
  -Creo que te has manchado un poco... -dice Matt-. Ahí -señala con desdén.
  Me acuerdo entonces del beso que Brook me ha dado hace escasos minutos y al imaginarme la forma de sus labios en color rojo plasmados en el cuello de la camisa, siento un calor repentino.
  Brook lleva su pulgar hasta la mancha e intenta -en vano- eliminarla, entonces ríe y apoya su mano en mi hombro.
  -Es que hemos tenido un... -dice antes de reír de nuevo- un pequeño problema.
  Entonces me da un sutil beso en los labios. Me parece ver que Matt sacude ligeramente la cabeza y pone los ojos en blanco, pero me parece absurdo, así que deshago ese pensamiento.
  Brook me presenta a unos amigos suyos y enseguida estoy totalmente integrado, bailando y hablando con gente.
  -Voy a por algo de beber, ¿quieres algo? 
  -Un zumo -me contesta Brook con una sonrisa encantadora.
  -Ahora vengo -digo antes de darle un beso.
  Emprendo mi camino hasta la mesa en la que están dispuestas todas las bebidas. Una vez allí me quito la pajarita en un tiempo veinte veces menor al que empleé en intentar ponérmela. Hay que ver lo que cuesta ponerse uno de estos chismes y lo fácil que es quitárselos. «Se parecen a los sujetadores», pienso riéndome en voz alta. 
  -Hola -una chica de pelo negro larguísimo y sombra de ojos de un color casi tan llamativo como los rotuladores que se utilizan para subrayar en los libros está a mi lado, sonriendo. Da miedo.
  -Hola -contesto intentando no parecer borde.
  -No te conozco -dice ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos.
  -Mmm... Yo a tí tampoco -digo de forma distraída mientras echo un par de hielos en un vaso.
  Se ríe de forma estridente, y me pregunto si realmente el chiste ha sido tan bueno.
  -No, es que yo conozco a todo el mundo de esta fiesta; soy la novia de Matt. Pero lo último no lo tomes como un dato relevante -me dice guiñándome un ojo a la vez que se enrolla un mechón de pelo en el dedo.
  -Vale, pues ya se quien eres -digo cogiendo las bebidas y emprendiendo mi camino hasta la silla en la que está sentada Brook.
  Me impide el paso poniéndome una mano en el pecho. 
  -Vaya, que fuerte estás -dice sonriendo para luego soltar una risita tonta. Está propasando mi espacio vital. Y en estos momentos eso sólo puede hacerlo Brooklyn.
  Me echo hacia atrás, incómodo. Veo a Brook acercarse lentamente, entornando los ojos y respiro aliviado. Se pone a mi lado y mira a esa chica con notable desagrado. La novia de Matt mira fugazmente a Brook antes de emitir una especie de gruñido. 
  -¿Qué pasa, Vivianne?
  -Aún no me has dicho quien eres -dice Vivianne, ignorando completamente a Brook.
  -Es Mace, y le estás molestando -dice Brook de forma seca.
  -Estábamos hablando -dice mientras da un paso amenazante-. Y eres tú la que molesta.
  Aunque las dos me den más miedo que mi madre cuando llego tarde a casa, me apresuro a ponerme entre medias.
  -Vamos, chicas, da igual. 
  Ambas me lanzan una mirada fulminante y opto por ponerme de nuevo al lado de Brook. Tras varios segundos de silencio y de miradas punzantes entre ellas, Brook opta por desandar el camino, cogiéndome de la mano.
  -Así que este es el chico que iba a venir a tu casa, ¿eh? -Vivianne sigue con la mirada a Brook mientras se aleja-. No está mal, aunque seguro que como Jem, ninguno.
  No sé quién es Jem, pero sí que sé que si Vivianne quería molestar, lo ha conseguido. La gente se empieza a fijar en la escena y se arremolina a nuestro alrededor.
  Brook se gira lentamente hasta clavar su mirada en la chica que se encuentra frente ha ella con los brazos cruzados a la altura del pecho y una expresión en la cara de estar disfrutando de lo lindo.
  -¿Qué has dicho? -musita Brook sin apenas mover los labios.
  La observo inmóvil, sin saber qué hacer. Me fijo en su mano, que sujeta temblando el vaso de zumo, aunque no sé si de rabia o de impotencia. En ese momento llega Matt.
  -Vamos, chicas, dejadlo y seguid disfrutando de la fiesta -dice con tono amigable, aunque los dos sabemos que eso no va a calmar nada. 
  -He dicho que estoy segura que, por muy bueno que esté, no va a llenar el hueco que te dejó Jem -dice alzando ligeramente la cabeza para hacerse oír-, en cualquiera de los sentidos -añade casi riéndose.
  Brook cierra fuertemente los ojos y me parece ver una lágrima recorrer su mejilla.
  -Es más -añade-, seguro que no lo sabes, pero te dejó porqué eras una frígida.
  Abre los ojos de golpe y da los dos pasos que la separan de Vivianne de forma segura y rápida y al llegar a ella, tira con fuerza el vaso contra la cara y el escote de la otra chica.
  -Joder, tía, es de mi madre -oigo a alguien después de que un tumulto de gente cierre el circulo y me impida ver.

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