sábado, 14 de abril de 2012

Capítulo 4: Brooklyn

  Tengo un dolor de cabeza terrible. No sé si por Vivianne o por aguantarla. He de averiguarlo cuanto antes. 
  Hoy tengo que ir a recoger a Mace. ¿De qué nombre será Mace? A mi me llaman Brook de Brooklyn. Muchos hacen la típica broma de Brook, de Brooklyn de Brooklyn, ya que nací en Estados Unidos. Como iba diciendo, ¿de qué nombre vendrá Mace? Lo he buscado en Google y el primer resultado que me aparece es que es una población francesa, el segundo es que Mace es un personaje de La Guerra de las Galaxias y el tercero es «macedonia». Este último es muy curioso. A partir de ahora será Mace de Macedonia.
  Son las diez y tres de la mañana y me sorprende bastante que piense tanto. 
  Según mi madre tengo que ir a recoger a Macedonia a las doce y media al aeropuerto ya que ella tiene que ir a Richmond por temas de la editorial -mi madre es editora de revistas-. Me ha dejado las llaves del coche en la mesita de la entrada.

  Llego al aeropuerto a las doce y cinco y tardo quince minutos en encontrar aparcamiento. Dejo el Mini gris de mi madre en la plaza E-136. Ella me ha descrito a Macedonia -ella le vio hace unos meses, cuando fue a Manchester a visitar a su amiga-: pelo color jengibre un poco largo, ojos muy oscuros, casi negros y muy alto. También añadió un «Te gustará» seguido de un guiño.
  Tardo algo así como diez minutos en encontrar la terminal correcta y otros diez en llegar al sitio correcto.
  Cuando llego veo a un chico rubio, alto, con el pelo demasiado largo para mi gusto, rozándole los hombros, apoyado en una columna con una maleta al lado mientras lee el periódico.
  OH-DIOS-MIO.
  -¡Hola! -digo lo más sonriente que puedo, intentando disimular la vergüenza.
  -Eh... hola -dice él.
  -Te imaginaba de otra forma, la verdad, ya sabes, más... niño. No sé, esperaba que fueras más pequeño, pero vamos que está bien -río con nerviosismo. Cojo su maleta-. El coche no está muy lejos y siento llegar tarde. Es que me he hecho un lío, en fin, soy nueva en esto de conducir.
  Creo que apenas se notará, pero soy incapaz de mantenerme callada cuando estoy con un chico guapo. Es algo incómodo, ya que la mayoría de las cosas que digo son estupideces.
  -Por cierto, soy Brook -digo extendiendo la mano-. Encantada, Mace.
  -Eh... Creo que te estás equivocando -dice el chico, con una expresión entre la diversión y la confusión-. Yo no soy Mace. Estoy esperando a mi pareja. Pero gracias -dice riéndose.
  A los dos segundos llega otro chico y le da un beso en los labios.
  -Hola, cariño. Te he echado de menos -dice el buenorro del periódico antes de irse-. Adiós, Brook -se despide de mí antes de desaparecer.
  Me quedo en el sitio, incapaz de pensar. Tras un par de segundos, proceso la información de lo ocurrido y me echo a reír.
  Al poco tiempo, llega un chico más bajito que el buenorro del periódico, pero más alto que yo. Tiene el pelo de un color que es mezcla de pelirrojo y rubio, extrañamente bonito, un poquito largo y revuelto. Los ojos muy oscuros. Cuando está mas cerca me doy cuenta de que tiene pecas, le quedan realmente bien.
  -Hola -dice sonriente-. Eres Brook, ¿no?
  Antes he dicho que cuando hablo con un chico guapo soy incapaz de callarme. Ahora es lo contrario: soy incapaz de articular palabra. Tardo cierto tiempo en darme cuenta de que tiene la mano extendida, esperando a que corresponda ese gesto. Consigo reaccionar y sacudo la cabeza.
  -Hola  -digo por fin-. Sí, soy Brook, de Brooklyn -le estrecho la mano.
  Se ríe.
  -Yo Mace, de Manchester.
  Vuelve a reirse y yo tardo cierto tiempo en coger la broma. Digamos que estoy muy ocupada intentando no resbalarme con mi propia baba.
  -No, pero es Brook, que viene del nombre Brooklyn. Me refería a eso. No es que sea de Brooklyn, que también, pero es que... -decido callarme cuando veo que frunce el ceño con una expresión de diversión que hace que hasta yo me ría-. Antes me he equivocado, he pensado que tu eras otro chico -suelto una risita tonta. ¿Qué me pasa? Parece que nunca haya hablado con un chico.
  -Ya, lo he visto, pero he decidido no intervenir para ver como acababa. Me lo estaba pasando en grande. 
  Le observo embobada un par de segundos, sacudo la cabeza y reavivo la conversación.
  -Vamos al aparcamiento, que lo he dejado en el coche.
  Me mira con una media sonrisa. ¡Y qué media sonrisa! Vale por seis o siete normales. Me duele decirlo, pero su sonrisa es incluso más bonita que la de Matt.
  -Quiero decir que he dejado el coche en el aparcamiento -concluyo de la manera más digna que puedo.

  Llegamos a mi casa a los veinte minutos. El viaje ha sido extraño, no hemos hablado mucho; si acaso él ha hecho algún comentario sobre el vuelo o sobre el tiempo, pero en su mayoría nos hemos dedicado a escuchar la radio. Me ha parecido que me miraba mientras conducía, pero creo que ha sido una alucinación.
  Subimos a la planta de arriba y le enseño la habitación en la que va a dormir.

  Me dice que le gustaría descansar un par de horas, así que me dirijo a mi habitación. Le escribo un mensaje a Matt.
Macedonia ya está en mi casa. ¿Te ha dicho Vivianne algo sobre nuestro día de compras?
¿¿Macedonia?? ¿Y que tal? ¿Es de tu agrado? Me dijo que se lo pasó muy bien. No le pusiste ningún somnífero en el refresco, verdad?
No me acuerdo... Ya te contaré. ¡Un beso, fiera! GRRRR!! 

Capítulo 3: Mace

  El móvil vibra en mi pantalón. Mierda. Está en la silla. 
 Quito el brazo de Lea que me rodea el cuello y me levanto lentamente intentando no despertarla. Gime ligeramente y se da la vuelta, dándome la espalda. Salgo de la cama y me pongo los calzoncillos, cojo el móvil y leo: Llamada perdida de Debby a las 16:07.
  Cojo mis cosas y le dejo una nota a Lea en la almohada.
He tenido que irme. Mi madre se ha caído por las escaleras y tengo que ir con ella. Nos vemos.                         Mace. 
  Me pongo el casco y me subo a la moto. Cuando estoy llegando al parque de San Jorge, la veo, apoyada en una farola. Está escuchando música con el iPod, pero en cuanto me ve aparcando la moto a un par de metros de ella, se quita los auriculares y me sonríe. 
  -Ya pensaba que no venías; habíamos quedado a menos cuarto -dice mientras se coloca el pelo detrás de la oreja.
  -Lo siento -digo con una sonrisa-. Es que mi madre se ha caído por las escaleras y me he tenido que quedar con ella -termino antes de besarla en los labios.

  -Me vas a llamar, ¿verdad? -me pregunta mientras se abrocha el sujetador.
  -Si, esto... -¿cómo se llamaba? ¡Ah, si!- Debby.
  -¿Nos vemos este verano?
  -Claro, pero me voy a Londres mañana. Cuando vuelva si quieres te veo.
  -Me encantaría -me besa y sonríe.
  Salimos de los baños públicos y nos dirigimos hacia la salida del parque, donde dejé la moto. La dejo mi casco y vamos hacía su casa. La dejo en la puerta y me despido de ella con un beso en los labios. Me pongo el casco y voy hacia mi casa.

  -¿Has hecho ya las maleta? -pregunta mi madre cuando entro a la cocina.
  -No, las haré esta noche.
  -Hoy he hablado con Brook. Tiene la voz igual que su madre -dice mi madre sonriendo.
  -¿Quién es Brook? -pregunto-. ¿Es el hijo de Ana?
  -Oh, no -ríe mi madre-. Es Brooklyn. Es una chica, la hija de Ana. ¿No te acuerdas de ella? Veraneabais juntos en Málaga, cuando erais muy pequeños.
  Creo que la recuerdo. Una niña con el pelo rubio, extremadamente rizado, y ojos azules, casi grises. De esos ojos sí que me acuerdo perfectamente; eran preciosos. No era guapa y era muy bajita. Estaba loquita por mí.
  -Es mucho más pequeña que yo, ¿verdad? -pregunto.
  -Pues creo que no. Creo que ella cumple los diecisiete este verano. Tiene un año menos que tú -dice sonriendo de una forma un tanto extraña.
  Subo a mi habitación, pongo la maleta encima de la cama y empiezo a meter cosas. Suena el teléfono de la casa. 
  -¡Lo cojo yo! -grito desde mi habitación.
  -¿Sí? -digo con el teléfono entre el hombro y la oreja mientras doblo una camiseta.
  -¡Serás capullo! -la voz de Sam suena al otro lado del teléfono-. ¿Ahora me coges el teléfono? ¿Qué andabas haciendo antes?
  -En dos palabras. Lea y Debby.
  -¿Con las dos? ¿Pero Lea no es la animadora que está saliendo con Ryan?
  -Sip y sip.
  -¡Qué máquina! Oye, ¿cuándo te vas?
  -Mañana por la mañana. ¿Qué haces?
  -Pues estamos Tom, Ian, Mark y yo en el Happy Seasons, ¿por qué no te vienes?

  Aparco la moto a pocos metros de la puerta y mientras me quito el casco veo a una chica mirándome, pero cuando la aguanto la mirada se gira. Está con otras cuatro chicas. Vuelve a mirarme, sonríe y sigue hablando con sus amigas.

  -¿Qué vais a hacer este verano? -pregunta Mark.
  -Yo me voy a casa de mis tíos, en Liverpool, hasta mediados de agosto -Ian da un trago a su cerveza y continúa-. Luego me quedaré aquí hasta septiembre.
  -Yo me quedo en Manchester -resopla Sam.
  -Yo me voy a Boston con mis padres y luego a California en agosto -dice sonriente Tom-. ¿Y tú, Mace?
  -Me voy a Londres, a casa de una amiga de mi madre -digo con mala cara.
  -Pero, ¿conoces a alguien?
  -No. Mi madre me ha dicho que su amiga tiene una hija de mi edad, pero no sé.
  -¿Que no sabes qué? -pregunta asombrado Ian-. ¿Quién eres y qué has hecho con el Mace que yo conozco? ¿Desde cuando estar con una chica durante tres meses supone un problema para ti? 
  Todos ríen.
  -Pídela que te enseñe la ciudad, y luego tu la enseñas a ella otras cosas -sugiere Mark. Todos ríen y vitorean.
  -Sí, pero es que hace muchísimo que no la veo, ni siquiera sé como será ahora. Solo sé que era rubia cuando tenía 6 años.
  -Pues imagínate que es Gisele Bündchen -dice Ian.
  -Sois todos iguales -declara Tom-. No veis que en las chicas hay mas cosas aparte de la cara y las tetas. Hay personalidad, inteligencia...
  -Sí, Tom, tienes razón... ¡También hay culo! -dice Sam antes de chocar la mano con Ian riendo. 
  En ese momento entran las chicas que había visto en el aparcamiento. La que me miraba antes me vuelve a mirar y me sonríe. Mis amigos siguen mi mirada y miran al grupo de chicas. En ese momento la chica que me sonríe les dice algo a sus amigas y ellas miran hacía nosotros. 
  -Me pido a la de blanco -declara Sam.
  -¿Pero cómo hablamos con ellas? -pregunta Mark.
  -Olvidas que tenemos a un Romeo en el grupo -dice orgulloso Ian.
  Sonrío y me levanto. Me dirijo hacia la mesa en la que están las chicas. 
  -Buenas tardes, señoritas. ¿Qué desean tomar? -les pregunto sonriente.
  -Tú no eres camarero -dice una de pelo corto y castaño.
  -Exacto, no lo soy. Pero, veréis, es que he hecho una apuesta con aquellos chicos de allí -digo mientras señalo a la mesa en la que mis amigos están mirando hacia mi con los ojos muy abiertos, y en cuanto ven que les miran, se giran de golpe- en la que si no conseguía vuestros teléfonos, tendría que hacer de camarero e invitaros a lo que quisierais. 
  -No nos has pedido los teléfonos -dice «la mía» sonriendo.
  -Ya, he dado por supuesto que no me daríais el número, así que he decidido conservar la poca dignidad que me queda. 
  Consigo arrancarles una sonrisa a todas. 
  -Diles a tus amigos, que no podremos darles nuestros teléfonos por señas. Sería mejor que vinieran -dice «la de blanco» mientras mira sonriente a Sam.
  Les hago una señal a los chicos para que vengan y me siento al lado de la chica que me sonreía en el aparcamiento. 
  -Me llamo Kat -dice tendiéndome la mano.
  -Yo Mace -digo antes de darle un sutil beso en los labios.
  Le pilla tan de sorpresa que mantiene los ojos abiertos. Cuando me aparto, suspira y dice: 
  -Encantada. 

  Salimos del restaurante a las pocas horas y nos despedimos de las chicas. Me pongo el casco y me dirijo hacia mi casa. Durante el camino, aunque suene extraño, no logro sacarme a Brook de la cabeza. Y tiene que sonar extraño porque hace casi once años que no la veo. Barajo todas las posibilidades de cómo será ahora en mi cabeza. Me reconforta pensar que puede que sea guapa y me alegre la vista durante el verano.
  

Capítulo 2: Brooklyn

  Me despierto con la vibración del móvil en el bolsillo del pantalón. Un mensaje. Estoy tan dormida aun que soy incapaz de abrir los ojos lo suficiente como para ver de quién es.
  Me levanto del sofá con un dolor increíble de cuello y arrastrando los pies con pesadez hacia la el baño. Seguro, que si alguien me viera, pensaría que soy algo parecido a un zombi.
  Voy al baño a lavarme la cara y después me dirijo a la cocina a por algo de comer. Mi madre está en la mesa con una taza de café en la mano mientras lee el periódico.
  -Hola, mamá -digo mientras me acerco y la doy un beso en la mejilla.
  -Hola, cielo. Hay café en la encimera y tortitas al lado del microondas -dice, para después seguir leyendo el periódico.
  Voy hasta la cafetera y me sirvo una taza de café. Caliento un poco las tortitas y vuelvo a la mesa.
  -¿Cómo es que te has levantado tan pronto? Pensé que querrías dormir hasta más tarde al ser tu primer día de vacaciones.
  -¿Qué hora es? -digo mientras saco el móvil.
  -Las ocho y dieciséis -contesta mi madre antes de que pueda mirar la hora.
  Miro el mensaje que tenía pendiente.
Buens días, pequeña saltamontes (: Solo importunaba tus sueños para recordarte que hoy ibas a quedar con Vivi. Que conste que no te quiero presionar. ¿Nos vems la semana que viene? ¡Un beso!
  ¿Matt? La madre que le...
  -Cariño, ¿tienes pensado hacer algo hoy? -pregunta mi madre interrumpiendo mis pensamientos.
  -Eh -tardo unos segundos en contestar-, sí. Voy a ir de compras con Vivianne.
  Vaya, nunca pensé que diría eso. Es como decir que vas a ir al cine con un moco como acompañante.
  -¿Con Vivianne? -dice mi madre absolutamente estupefacta-. ¿La novia de Matt? ¿Desde cuándo te llevas bien con ella?
  Me da un ataque de risa interno.
  -Oh, eso no ha cambiado -respondo antes de dar un sorbo a mi café-. Lo hago por Matt. Quiere que su novia y su mejor amiga se lleven bien -¡já! Que iluso...
  Mi madre se ríe y se levanta para dejar su taza y su plato en la pila.
  -Yo tengo que ir a casa de Amelia un rato para ver a su bebé. Salgo ya porque tardaré un par de horas en llegar. Volveré antes de cenar -comenta mientras los limpia.
  -Yo espero estar aquí antes de volverme loca.
  -Si ya lo estás -dice antes de darme un beso en la mejilla-. Subo a ducharme.
  Decido contestar a Matt su mensaje.
No me lo recuerdes, ¿quieres? Y chúpate un pie.
  La respuesta me llega antes de que pueda subir a mi habitación.
Aunque no te lo creas, lo estoy haciendo (: Manda un mensaje a Vivi.
¿Le mando una cesta de venenos variados con el mensaje?
Creo que es más de Coca-Cola (: ¡Eres la mejor!
  Subo a mi habitación y le mando un mensaje a Vivianne diciéndole que quedamos en el centro comercial Selfridges a las once.
  Bajo al salón y me tumbo en el sofá con los pies en el respaldo y la cabeza colgando. Es duro esto de tener veinticuatro horas al día para no hacer nada.
  Mi madre baja al rato lista para irse, se acerca a mi, me da un beso en la coronilla y se va a casa de Amelia, una compañera suya de trabajo.
  Me pongo a ver la tele boca abajo hasta que suena el teléfono. Me levanto y noto como toda la sangre está en la cabeza. Empiezo a ver borroso y me choco contra la pared justo cuando voy a descolgar. 
  En vez de decir el típico «hola», contesto al teléfono con un «joder» digno de una auténtica señorita.
  -¿Ana? -dice la voz al otro lado del teléfono.
  -No, Ana es mi madre. Yo soy Brooklyn. ¿Quién es?
  -Oh, si. Tienes la voz igual que tu madre -«la voz» se ríe y luego continua-. ¿No me reconoces?
  Mierda. Este sí que es un momento incómodo. Seguro que debería acordarme de esta mujer, pero no poseo la habilidad de, con escuchar una voz, acordarme de quién es y de algún dato biográfico que deba destacar como: Brooklyn Rikes, le encanta el helado de melocotón y es alergica a los caballos. De pequeña se metió en una maleta porque decía que quería conocer mundo.
  -Pues no -digo intentando poner una voz dulce.
  -Soy Abbie, la madre de Mace. Llamaba para decir que al final va el jueves. ¿Supone algún problema? Es que nos han adelantado el viaje a mi marido y a mi. 
  -Oh, supongo que no, pero en cuanto venga mi madre se lo digo. 
  -Vale cielo. Ya verás que bien te cae Mace. Es un encanto. Bueno, me tengo que ir a trabajar. Cuídate, cariño.
  -Sí. Encantada. Hasta luego.
  Miro el calendario. Estamos a martes. El fin se acerca...

  Llego puntual a mi cita con Vivi, aunque (¡cómo no!) ella llega cuarenta y cinco minutos tarde.
  -¡Boobo! -dice Vivianne mientras se acerca a darme un abrazo.
  -Hola. 
  -Siento haber llegado tarde, pero es que estar así de guapa, lleva su tiempo -sonrío.
  -Una bolsa en la cabeza y acabas antes -digo en un susurro.
  -¿Has dicho algo? -pregunta confundida.
  -Oh, no. Que me gustan tus pendientes -contesto con una sonrisa similar a la del muñeco diabólico.
  Aguanto a Vivi mientras va de tienda en tienda y habla de ella misma. Me gusta, es más, me encanta ir de compras. Pero a -recalco- comprar, no a dar vueltas sin sentido por un centro comercial. 
  Que conste que hago esto por Matt. 
  Me entretengo haciendo listas mentales sobre el día de compras de Vivianne.
  Prendas probadas: 31
  Prendas compradas: 2
  Zapatos probados: 8
  Zapatos comprados: 8 
  Entramos en una tienda de lencería. ¿Por qué a mí? Soy buena, voy a misa todos los domingos y hago mi cama todas las mañanas. ¿Por qué yo?
  Se mete en el probador con 9 conjuntos de ropa interior. Yo le espero enfrente apoyada en la pared jugando con el móvil. Tengo que aplastar el máximo número de hormigas en 15 segundos. ¡Cómo enganchan estos juegos!
  Vivianne me llama para que vaya a darla el visto bueno.
  Casi me sangran los ojos.
  Lleva un conjunto de sujetador y tanga de leopardo rosa con encaje negro.
  -¿Qué tal estoy? -pregunta
  -No es muy... ¿llamativo?
  -Es en homenaje a Matt... Es una fiera -dice mientras hace un gesto con la mano emulando el gruñido de un tigre.
  No la maté allí mismo porque habría habido muchos testigos.
  

domingo, 1 de abril de 2012

Capitulo 1: Brooklyn

  Un avión de papel pasa justo por encima de mi cabeza y acaba aterrizando sobre uno de los pupitres de la primera fila. Esto desencadena una silenciosa guerra de bolitas de papel y trozos de goma de borrar, que cesa misteriosamente cuando el profesor de Literatura deja de escribir en la pizarra y se gira.
  Diez minutos.
  ­­­-Para después del verano -dice mientras se acomoda las gafas- quiero que me traigáis una redacción con vuestra opinión personal sobre uno de estos temas -hace un gesto que abarca lo que ha estado escribiendo en la pizarra.
  Un sonoro «jooo» llena la clase.
  Cinco minutos.     
  -Deberá tener, al menos, quinientas palabras.
  Si el «jooo» anterior llenó la clase, digamos que esta vez la inunda.
  -Y para terminar, os aconsejo que no pongáis tonterías ya que no os lo daré como válido.
  ¡Qué bien nos conoce!
  Dos minutos.
  Abro el cuaderno para apuntar la tarea para el verano.
  Y por fin suena el ansiado timbre. Suenan algunos silbidos sobre la voz del señor Lande aconsejándonos que no olvidemos la redacción. Recojo mis cosas y me dirijo a la puerta donde me espera Matt jugueteando con el cordón de la capucha de su sudadera.
  -¿Tú también vas a echar tanto de menos al señor Lande como yo? -dice sonriendo.
  Nos encaminamos hacia la salida a través del largo pasillo.
  -¿Qué vas a hacer este verano?
  -Me quedaré en Londres y en julio me iré dos meses a Francia a hacer una visita a los lugares más importantes -me explica con brillo en los ojos. 
  -Suena bien -le digo con los ojos muy abiertos-. Incluso podría ir contigo -concluyo mirándole.
  -¿Tan mal pintan tus vacaciones? 
  Resoplo.
  -Cuéntame.
  -En principio me voy a pasar todo el verano en Londres -hago una pausa y me mira con cara de «Eso no es tan malo» -, se supone que viene el hijo de la mejor amiga de mi madre desde Manchester.
  -¿Cuál es el problema?
  Le miro con una cara que es mezcla de interrogación y asombro.
  -Voy a tener que pasar dos meses con un chico al que he visto dos veces en mi vida. Una de ellas estuvo toda la tarde sacándose mocos y pegándomelos en la frente -sigo a pesar de la expresión de asco de Matt- y la otra, cuándo estábamos veraneando en Málaga, se empeñó en desabrocharme parte de arriba del biquini.
  Esto último provoca un ataque de risa a mi mejor amigo.
  -El chico no pierde el tiempo -dice antes de volver a reír.
  -No tiene gracia -le digo fingiendo enfado.
  -Y -carcajada-, y al final -carcajada-, al final, ¿lo consiguió?
  -¿El qué?
  -Ya sabes, desabrocharte el bikini -dicho esto, estalla de nuevo.
  Le propino un puñetazo en el brazo lo suficiente fuerte como para hacer que pare de reírse.
  -Perdón, perdón -se disculpa con la mejor de sus sonrisas.
  Es lo mejor de Matt: su sonrisa. Nunca me he parado a pensar si Matt es guapo o no (vale, bueno, puede que sí me lo haya planteado), pero de lo que sí que estoy segura es de que tiene la sonrisa más bonita que he visto en mi vida. Sí, más que la de los chicos de anuncios de blanqueadores en dentífrico.  
  Seguimos caminando y doblamos a la derecha, en dirección a mi casa.
  -¡Matty! ¡Boobo! -la aguda (y exasperante) voz de Vi nos hace pararnos en seco.
  -Oh, venga... -susurro disgustada.
  -Se amable -me dice Matt sonriendo.
  -¿Yo? Pero si soy un encanto -digo pestañeando repetidamente-. Pero que no me llame Boobo.
  Se acerca corriendo, haciendo que su largo pelo negro flote en el aire. Puedo ver su sombra de ojos verde flúor a pesar de estar a más de diez metros. 
  Cuando por fin llega a nuestro lado lo primero que hace es darle un laaargo y apasionado beso a Matt en los labios. Matt se separa y le susurra a Vivi algo en el oído y ella se aparta a regañadientes con expresión de fastidio.
  -Bueno, Boobo -pongo los ojos en blanco- ¿qué vas a hacer este verano?
  -Me quedo en Londres porque viene un amigo desde Manchester.
  -¿Y se queda en tu casa? -pregunta poniéndose entre Matt y yo.
  -Si -le agarra del brazo.
  -Uuh - me da un codazo amistoso, a pesar de que no somos amigas, y me guiña un ojo-. ¡Qué buena oportunidad para olvidarte de Jem!
 Jem es mi antiguo novio. Estaba totalmente enamorada de él. Hace varios meses, fui a comprarle un regalo por su cumpleaños y entonces le vi, en la acera de enfrente. 
  Besando a un chica. 
  A Vivi. 
  Me dejó al día siguiente.
  Ella empezó a salir con Matt a los pocos días. Es la única cosa que podría decir que Matt no sabe de mí. 
  Matt tose, incómodo. Sabe que no me gusta ese tema.
  -Vivi... -susurra para callar a su novia.
  -Oh, tranquila -replico-, que si merece la pena, te lo haré saber y así me das el visto bueno y me dices si puede ser capaz de liarse con otra chica mientras está conmigo, que tu tienes pinta de ver eso a simple vista.
  Abre mucho los ojos y traga saliva con un sonido parecido a «glups». Entonces me río le doy un codazo amistoso y le guiño un ojo. Ella me contesta con una risita nerviosa.
  ¡Toma esa!
  Seguimos caminando un par de minutos más en un silencio extrañamente reconfortante. Cuando llegamos a la casa de Vi, se despide de Matt con un efusivo beso. 
  -Oh, vamos, te vas a ahogar - le digo a Vivianne a los pocos segundos.
  -¡Qué bromista eres! -dice con una extraña sonrisa.
  -No era una broma -contesto imitando la sonrisa.
  -Adiós, cari -le dice a Matt subiendo las escaleras del porche-. Ah, y adiós, Boobo.
  Contengo el impulso de lanzarla el contenedor de basura más cercano y me limito a decir adiós con la mano.
  -¡Adiós Vivianne! -le grito sonriendo.
  Odia que la llamen Vivianne.
  Suelta un bufido y cierra la puerta de entrada de su casa con un portazo.
  Caminamos un poco más.
  -Se os ve mucho más unidas, ¿eh? 
  -Tú quieres morir, ¿verdad? -le digo entornando los ojos.
  -Pero si soy un encanto -me imita pestañeando.
Dos minutos de silencio.
  -¿Qué ves en ella? -le pregunto parándome en seco.
  -Brook... -suspira-. Deberías darla una oportunidad. Te caería genial.
  -Lo dudo.
  -¿Qué te parece si un día de estos os vais de compras? A las dos os encanta. Así seguro que descubrís las cosas que tenéis en común. 
  -Una de ellas no será querer quitarle los lunares de la cara a la novia de tu mejor amigo frotando con lejía -susurro.
  Matt se para en seco y me mira con una gravedad fingida.
  -Brooklyn-Maria Rikes, ¿no hablarás en serio? -le fulmino con la mirada; sabe que no me gusta que me llamen por mi nombre completo.
  -Claro que no -le aseguro-. Tardaría demasiado. El ácido sería mejor.
  -Menos mal que te conozco y sé que no matarías ni a una mosca -me sonríe-. Entonces..., ¿irás de compras con ella?
  Resoplo.
  -Está bien -me abraza y me eleva del suelo.
  -Eres la mejor, ¿sabes?
  -Sí, algo he oído.

  Al llegar a mi casa me despido de él con un fuerte abrazo y le aseguro que le llamaré para vernos antes de que se vaya a Francia. Y también para quedar con mi querida amiga Vivi. Entro en mi casa y me dirijo a mi habitación.
  -Mamá, ya estoy en casa.
  Silencio.
  Mi madre no ha vuelto de trabajar.
  Voy a la cocina y me encuentro un post-it en la encimera.
  Llegará a las ocho y tengo la cena en la nevera. Perfecto.
  
  Tras cenar, me siento en el sofá con un libro en el regazo y me pongo a leer para esperar a mi madre. Hago la firme propuesta de no dormirme y así recibirla con un beso, pero a los diez minutos de haberme formulado este fin, me quedo dormida con las gafas de leer puestas.