viernes, 27 de julio de 2012

Capítulo 12: Brooklyn

  -¿Has hablado ya con Matt? -me pregunta Nicole mientras sopla para apartarse un rizado mechón de pelo negro de los ojos.
  -No, aún no he hablado con él y se va mañana, y aunque me muera de ganas, no pienso hacerlo.
  -Eso es, nena -contesta elevando el dedo índice y moviéndolo de atrás hacia delante-. No te arrastres. Son ellos los que tienen que venir hasta aquí. 
  Sonrío mientras veo entrar un cliente.
  -Ocúpate tú, cariño, voy a por un vaso de agua -dice mientras se mete en la trastienda.
  Desde que estoy trabajando en la heladeria, Nicole, mi compañera en Ben & Jerry's, se ha convertido en una de mis mejores amigas. Es una chica delgada, de tez negra y con una inmensa mata de pelo negro rizado. Su aspecto físico contrarresta a su carácter fuerte y su voz grave. En el tiempo que hemos pasado juntas, he podido contarle todo lo ocurrido con Mace y también lo de la fiesta de Matt.
  -Hola, buenos días -saludo con una sonrisa a la mujer mayor que se aproxima a paso lento hacia el mostrador.
  -Buenos días, preciosa. Dame un cucurucho pequeño.
  -¿De qué?
  -Mmm... De fresa -contesta con una amable sonrisa-. Oh, sí, el de fresa era el favorito de mi Arnold, pero ya no lo puede disfrutar. ¿Qué se le va a hacer?
  Le sirvo el helado y se lo paso por encima del mostrador. Ella lo recoge y me da el dinero. Se vuelve a dirigir hacia la salida, pero hay un chico sujetando la puerta. Ella asiente y sonríe en señal de agradecimiento mientras Matt se dirige hacia donde estoy yo. 
  -¿Puedes salir un momento? Quiero hablar contigo.
  -No -contesto sorprendentemente tajante-, estoy trabajando. Si quieres algo, dímelo aquí.
  -Verás, es que yo... -comienza Matt.
  La voz de Nicole desde la trastienda corta a Matt
  -Nena, sinceramente, me tiraba a Paul, el encargado. Oh, si. ¿Has visto que paque...? -dice justo en la puerta, pero se para en seco al ver a Matt. 
  Le lanza una mirada lasciva, entornando los ojos.
  -Cielo, vamos a hablar, ¿te importa dejarnos solos? -digo con voz dulce.
  -Voy a limpiar esas mesas de ahí -dice sin apartar los ojos de Matt y haciendo un ademán con la cabeza. Se aleja lentamente, y se gira unos segundos, llevándose los dedos índice y corazón a los ojos y luego apuntando con ellos a Matt. Se pone a unos metros de nosotros a limpiar unas mesas.
  -¿Qué quieres? -le pregunto siendo borde sin quererlo.
  -Yo... Quiero hablar sobre lo que pasó en la fiesta.
  -Ya -bajo la vista al suelo.
  -Por favor, ¿podemos ir fuera? Me siento incómodo... -dice mientras señala con la cabeza a Nicole, que está sentada en una mesa del final con las manos cruzadas y la barbilla apoyada en ellas. Al ver que la miramos, coge de nuevo la balleta y finge que limpia la mesa. Nos encaminamos hacia la salida bajo la atenta mirada de Nicole.
  -Verás, creo que hay alguien que tiene que pedirle disculpas a una persona -dice mirándome fijamente.
  -Sí, yo también lo creo -contesto para después quedarme callada esperando una disculpa, pero no llega-. ¿Y bien?
  -¿Qué? Estoy esperando a que llames a Vivi para pedirla perdón por tu comportamiento de la otra noche.
  -¿Que qué? -contesto apunto de estallar de la risa.
  -Brooklyn -Matt nunca me llama por mi nombre completo, esto es serio-, tu comportamiento la otra noche estuvo totalmente injustificado. Abordaste a Vivianne por hablar con Mace. No tiene sentido. ¿Es que tú no hablas con chicos o qué?
  -A ver, a ver -digo llevándome las manos a la frente y colocándome el pelo detrás de las orejas-. Creo que aquí ha habido un error. Yo no tengo que pedir perdón a nadie. 
  -Vamos, Brooklyn, sabes perfectamente que exageraste; no era necesario ponerse así. 
  -¿Así como? -pregunto exasperada-. ¿Sabes acaso lo que ocurrió? 
  -Sí, Vivi me lo ha contado todo. Está muy dolida con tu comportamiento. Ella pensaba que después del día en el centro comercial os habíais convertido en grandes amigas. 
  -Lo hice por tí. Sabes perfectamente que no la aguanto. Lo hice porque me lo pediste.
  -Pues podrías hacer lo que te pido ahora: dile a Vivianne que lo sientes.
  -¡Ni muerta! -exclamo elevando los brazos.
  -Es por Mace, ¿no? Ha sido él el que te ha dicho que te comportes así. Ya veo lo que te importo -dice dándose la vuelta y alejándose, para volver a los pocos segundos con la mano sobre la boca.
  -¿Qué? 
  -Oh, vamos, ¿qué te traes con el musculitos ese? No es tu tipo.
  -Qué sabrás tú -digo poniendo los ojos en blanco-. Además, eso a ti no te importa.
  -Me importa lo que hacen mis amigos.
  -Desde que pusiste antes a tu novia que a tu mejor amiga, ya no soy nada para ti.
  -No te das cuenta de nada -susurra.
  -¿Ah, no?
  -No. Mace no te quiere.
  Un nudo se me forma en el estómago al oír eso. Empiezo a sentirme mareada y agito la cabeza a un lado y al otro.
  -Solo le interesas para liarse contigo. Quizás si tiene suerte, para follar. Pero no te quiere. Brooklyn, te conozco desde hace muchísimo -dice mientras se acerca hasta mí-. No voy a permitir que un niñato como Mace te utilice. No te mereces eso. Él te quiere para lo que te quiere, pero yo... -le miro sin entender la situación-. Deja de comportarte como una niña tonta, que sé que no lo eres, y date un poco a valer.
  Las lágrimas empiezan a acudir hasta mis ojos, pero hago un esfuerzo sobrehumano para que no salgan. Miro al suelo, rezando para que empiecen a salir grietas y una de ellas me  absorba, me lleve hasta el centro de la Tierra y así pueda desaparecer.
  -Eres tú el que no se da cuenta de nada -digo elevando el tono, mientras niego con la cabeza, empezando a estar harta de esta conversación.
  -¿Que no me doy cuenta de qué? -pregunta.
  -¿Crees de verdad que fui hasta donde estaba Vivianne por el mero hecho de estar hablando con Mace? ¿No te parece sospechoso que Jem me dejara así porque si? ¿Sin dar explicaciones, cuando estábamos tan bien? -digo soltando toda la rabia acumulada.
  -¿De qué hablas? -pregunta extrañado, sin entender del todo a qué viene todo eso. Río sin que la situación me haga gracia.
  -Vivianne se lió con Jem cuando yo estaba con él y cuando ella estaba contigo. Jem me dejó así, sin más, pensando que yo no sabía nada, pero esa tarde les vi. Vi a tu novia abalanzarse sobre Jem mientras yo le compraba su regalo. El día de compras, Vivianne dió su teléfono a tres tíos. En tu fiesta Vivianne estaba acosando a Mace. No estaba hablando con él; se lo estaba ligando. Y me lo he callado tooodo este tiempo porque me dabas pena.  Te veía tan ilusionado con la relación, que no quería ser yo quien te bajara de esa nube. Pero no es justo. No es justo que me lo calle. No es justo que tengas que aguantar a esa chica. Pero qué mas da, ¿no? Total, mi comportamiento está injustificado.
  Matt me mira abriendo mucho los ojos.
  -Creo que tengo que irme -dice alejándose unos pasos de mí.
  -Matt, yo... -me arrepiento de haber sido tan dura.
  -No, déjalo -me corta mirándome con tristeza-. No quiero saber nada más -hace una pausa y me mira fijamente-. Yo... En realidad venía a decirte algo, algo que llevo queriendo decirte mucho tiempo, pero que no he podido porque no me salían las palabras.  Llevo todos estos días luchando conmigo mismo, dándome ánimos para venir y para hacerte saber algo que creo que es importante. Brooklyn, yo... -traga lentamente saliva y me mira a los ojos- Te quiero. Pero no como a una hermana ni como a una mejor amiga, no. Estoy enamorado de ti.
  Parpadeo varias veces y entonces me viene a la cabeza una imagen de Matt hace muchos años con brackets y el pelo más largo. 
  -Yo... yo no tenía ni idea -contesto despacio, asimilando la información.
  -Creo que lo disimulo bastante bien -dice, sonriendo con tristeza.
  Tenemos un corto espacio de tiempo en el cual lo único que se oye es la música tenue que se cuela por debajo de las puertas de la heladería. Le miro y por un momento le echo de menos, a pesar de que se encuentra a un metro de mí. Matt me mira y se acerca, y se acerca, y se acerca, hasta estar a escasos centímetros. Le miro sabiendo lo que va a pasar a continuación, y a pesar de saberlo, no hago nada por evitarlo. Posa sus labios sobre los mios y me besa suavemente. Lleva su mano a mi nuca y yo me olvido por completo de dónde estoy y de quién soy. Me separo a los pocos segundos.
  -Yo... Lo siento. No sé qué...
  -No, es igual. Vamos a olvidarlo -susurro negando con la cabeza-. 
  -Creo que es mejor que me vaya.
  Dicho esto, se da la vuelta y se aleja rápidamente. 
  Me siento tonta por lo que acaba de pasar. 
  Entro en el local y veo a Nicole hablando por el móvil. Rezo por que no haya visto en beso. Cuelga al instante de entrar.
  Me siento estúpida por lo que acaba de pasar.
  -¿Qué tal con Matt? -pregunta recolocándose la gorra del uniforme-. Me he perdido los últimos cinco minutos porque me ha llamado Josh. ¿Te puedes creer que hoy no vamos a poder vernos porque tiene un partido con sus amigos? Este chico no va a ver a Unga y Bunga en mucho tiempo -exclama tocándose primero un pecho y luego otro.
  Pasamos el resto del día aburridas. Poco antes de cerrar Mace me manda un mensaje en el que me pregunta si hoy quiero cenar con él. Le respondo que sí. Y nada más mandárselo, veo un chico a través de la cristalera de la tienda, con una sonrisa de las que hacen que me derrita pintada en la cara.

jueves, 19 de julio de 2012

Capítulo 11: Matthew

  Tienes que hablar con ella, me repito sin parar a mí mismo, no puedes dejarlo estar, no puedes aplazarlo para cuando vuelvas de Francia. En realidad me muero de ganas por hablar con ella. Me encantaría explicarle todo, pero el orgullo puede conmigo. Hace ya dos días, desde la fiesta, que no hablo con ella. Nunca había estado tanto tiempo sin Brooklyn. La necesito. Sé que lo que ocurrió no fue culpa mía, es más, fue entre ellas dos, pero es mi mejor amiga y le debo una disculpa. Vivianne apenas me habla; piensa que debí haberla defendido. Realmente no sé cómo se originó todo, pero la mayoría de los invitados aseguran que Vivi lo empezó. Otros, menos, dicen que la que tuvo la culpa fue Broklyn, ya que se acercó hasta donde estaban Mace y Vivianne hablando y que ella fue la responsable de todo. Esa es otra: Mace. ¿Quién es ese niñato y de dónde ha salido? Parece sacado de una serie de vigilantes de la playa, con el pelo que lleva y siempre sin camiseta. Es el típico chico que juega con las chicas, las utiliza, se las tira y luego se olvida de ellas. No quiero que Brook malgaste su tiempo con él. No me parece suficiente para ella; se merece más, mucho más. Lo que mas me molesta de esto es que ella es feliz. Hacía mucho tiempo que no la había visto sonreír tanto, y aunque no me haga ni pizca de gracia, en el fondo me alegro mucho por ella. Pero muy, muy, muy en el fondo.
  Creo que nunca he estado celoso. No soy de esa clase de chicos. Nunca lo he sido, al menos con mi pareja. ¿Y cómo se puede ser celoso con alguien que no es tu pareja? Es raro, pero la primera vez que he sentido celos en mi vida, es de alguien totalmente ajeno a mi novia. Y todo por una simple mancha de pintalabios rojo en un simple cuello de una simple camisa.

miércoles, 18 de julio de 2012

Capítulo 10: Brooklyn

  -Joder, tía, es de mi madre -dice al ver como el líquido fucsia llega hasta el vestido y se expande lentamente.
  Me encojo de hombros con cara de «ups, ha sido sin querer» y sonrío. Ella me da un puñetazo en la mejilla y noto un dolor agudo justo debajo del ojo. El impacto hace que me tambalee hacia atrás. Percibo que algo recorre mi pómulo derecho y me llevo la mano rápidamente hasta ahí para limpiar la sangre. Vivianne maldice en susurros y, con gesto de dolor, se presiona con la otra mano los nudillos de la izquierda. La gente permanece inmóvil a nuestro alrededor y no se muy bien qué hacer. Matt me mira horrorizado. Me acerco vacilante a Vivianne y le propino una patada en el estómago. Ella, nada más hacer yo eso, como un resorte, me empuja y me tira al suelo. Se abalanza sobre mí, cubriéndome de puñetazos. Intento defenderme lo mejor que puedo y de vez en cuando agradezco las dos clases de kick-boxing a las que asistí al devolver algún que otro revés, pero la mayor parte de mis golpes van destinados al aire. Busco a Mace con la mirada y entonces le veo. Se acerca hasta nosotras y coje a Vivianne por los hombros hasta separarla de mí. Un espontáneo me ayuda a levantarme, pero eso no impide que Vivianne termine lo que empezó. Cuando estoy colocándome el vestido, llega hasta mí y me empuja a la piscina. No descubro a qué me he agarrado hasta que noto pelo en mi mano. Al sacar la cabeza del agua veo a Vivianne chapoteando para llegar hasta el borde de la piscina, pero a una Vivianne con el pelo por los hombros, y no por la cintura. Miro mi mano y veo un matojo de pelos con un par de pinzas al final. Suelto el pelo postizo totalmente asqueada. ¡Lo sabía! Sabía que eso no era su pelo.
  -Zorra -dice mientras me mira con una mirada fulminante.
  Mace me ayuda a salir de la piscina, pero no veo a Matt por ninguna parte. Me abraza y al ver que estoy tiritando, me envuelve en su chaqueta -la chaqueta de Matt-. Me coge en brazos y nos dirigimos hasta mi casa, pero en algún momento del trayecto me quedo dormida o me desmayo, y no abro los ojos hasta que estoy en mi porche.
  Nos sentamos en los peldaños de la entrada. Hay un largo silencio y yo me limito a abrazarme las rodillas y a hundir la barbilla entre ellas. Me examino los brazos y me doy cuenta de que están llenos de arañazos y de futuros hematomas. Mace se ríe y yo le miro extrañada.
  -Menudos golpes pegabas al aire -me dice enarcando una ceja-. ¿Y la patada? Ni los guerreros de los videojuegos -dice exagerando el tono. Sé que no lo dice por hacerse el gracioso, si no para intentar sacarme una sonrisa y eso hace que me sienta enormemente afortunada. Noto como me vuelve a resbalar sangre por la mejilla y me limpio rápidamente. Mace se da cuenta por primera vez de la herida y la examina minuciosamente. Lleva dos dedos hasta el pómulo y lo acaricia de forma suave, pero al tocarlo hago una mueca de dolor.
  -¿Te duele mucho? -me pregunta.
  Niego con la cabeza y se mete en casa, saliendo al rato con hielo en un paño. Me coloca la tela en la mejilla y a los pocos segundos las gotas de sangre son sustituidas por gotas de agua, tanto del paño como de mis ojos. Mace cae en la cuenta de que estoy llorando en silencio y me abraza con fuerza. Al sentir sus brazos alrededor de mis hombros, empiezo a sollozar y al hacerlo, me siento estúpida y débil, lo que hace que llore mas.
  Intento hablar, pero lo único que salen de mi boca son sonidos entrecortados y gemidos.
  -Lo... lo siento -digo en un susurro-. No... no sé qué... qué me ha pasado. Yo no... yo... -intento terminar la frase, pero las palabras no consiguen salir.
  Mace me acaricia el pelo mientras me da besos en la coronilla. Esto me da un empujoncito para seguir hablando.
  -Matt no hizo nada... -digo incrédula a la vez que decepcionada-. Estaba allí, de pie, mirando... Pero no hizo nada...
  -No pasa nada -dice Mace-. Puede que no supiese qué hacer. A mí me pasó eso.
  -Tú me la quitaste de encima... Si no llegas a estar tú...
  Me estremezco entre los brazos de Mace al pensar en todo lo que hubiera podido pasar si él no llega a separar a Vivianne -quien, aunque me cueste reconocerlo, me estaba dando una paliza de las buenas-. Repentinamente dejo de llorar y me olvido de todo lo ocurrido durante unos segundos. En esos segundos me separo de Mace y él me mira de forma intensa, como si pudiera saber todo lo que pienso. Me siento desnuda ante esa forma de mirar. Me coloca de forma torpe un mechón tras la oreja y yo me derrito ante ese contacto. Me coge la barbilla con la mano y se acerca hasta que sus labios se posan en los míos. No es un beso apasionado ni de locura. No es un beso de final de película. No es ni un beso de película. Pero es el mejor beso que me han dado en mi vida. Al separarnos me dice que debería ir a dormir. Asiento obediente y me acompaña hasta mi habitación. 
  -Te voy a traer una taza de leche -susurra desde la puerta.
  Me quito la ropa y me pongo una camiseta ancha. Me siento en el borde de la cama para esperarle, pero antes de que llegue, ya estoy dormida.

  Me despierto metida en la cama y tapada con una manta. Aún me duele la herida y me cuesta unos minutos recordar todo lo ocurrido la noche anterior. Me levanto de la cama y me miro en el espejo. Giro la cabeza para poder ver mejor el pómulo y lo recorro con los dedos, rezando para que no aumente y para que no se note demasiado.
  Bajo las escaleras y al llegar al comedor, la luz hace que emita un gruñido digno de cualquier oso que se precie. Entorno los ojos y arrugo la frente, aun cegada por la excesiva luminosidad, mientras avanzo hasta la cocina. 
  -Hola -me saluda un Mace en vaqueros, sin camiseta y con un delantal de flores mientras agita una mano metida en una manopla de cocina a cuadros azules y blancos. Eso se merece una foto.
  Miro la encimera de la cocina y veo harina expandida por todos lados.
  Le devuelvo la sonrisa y avanzo hacia él. Espera. ¿Mace? ¿Levantado antes que yo? ¿Estamos en un mundo paralelo? 
   -¿Qué hora es? -le pregunto bostezando.
  -La una y dieciséis -me dice mirando su reloj de muñeca-. ¿Has dormido bien?
  -La una y dieciséis... La una... ¡La una y dieciséis! Mierda, mierda, mierda. Llego tarde -digo abriendo mucho los ojos, pero en el momento en el que doy un paso, me mareo y empiezo a tambalearme hasta que Mace se pone a mi lado y me sujeta.
  -Ya he llamado y les he dicho que estabas enferma.
  -Ah -digo asintiendo lentamente-. ¿Y mi madre?
  -Ha tenido que ir a no-se-qué editorial y me ha dicho que volverá a la hora de cenar.
  -Ah -digo de nuevo.
  Se oye un gruñido, pero esta vez no procede de mi boca sino de mi tripa. Me llevo las manos hasta ahí y aprieto.
  -¿Tienes hambre? -pregunta Mace.
  Asiento.
  -¡Perfecto! Estoy haciendo mi plato estrella -dice con una sonrisa triunfal. 
  En ese preciso momento, empiezo a oler a quemado y dirijo mi mirada hacia el horno, del que sale un espeso humo negro. Mace suelta un grito ahogado y se acerca hasta el horno sacudiendo el humo con un paño. Cojo el teléfono y me acerco hasta la nevera para marcar el número de las pizzas a domicilio. 
  -Hola, quería una pizza familiar -digo a la vez que Mace me enseña un rectángulo de algo carbonizado.

  -Aún no te he dado las gracias -digo llevándome un trozo de pizza a la boca-. Así que muchas gracias por lo de anoche. Te portaste genial conmigo.
  -No hay por qué darlas -balbucea con la boca llena de comida, ya que le he pillado masticando.
  Río divertida y le doy una toba en el hombro.
  -No se habla con la boca llena -recito de memoria lo que me decía mi madre cuando era pequeña.
  Le miro mientras mastica, sin que él se dé cuenta. Se siente observado y se gira para mirarme. Traga lentamente y me sonríe de forma encantadora. Siento una oleada de emociones que no sé muy bien de dónde proceden. Dejo mi trozo de pizza sobre el plato y me siento en el sofá en el que está él. Me mira sin entender lo que pasa al yo observarle de hito en hito.
  -¿Tengo algo en la cara? -me pregunta arrugando la frente mientras se lleva un dedo a la comisura de los labios.
  Niego lentamente con la cabeza y levanto mi mano hacia su mejilla para acariciarla. Me aproximo aún más y noto su respiración en mi frente. El último acercamiento lo protagoniza él y cuando sus labios están a escasos centímetros de los míos, cierro los ojos. Esta vez el beso es mucho más apasionado. Llevo mis manos hasta su cara y las paso por su barba incipiente. Él me sujeta la nuca y me empuja ligeramente hacia atrás, tumbándome en el sofá, debajo de él. Sigue besándome con ímpetu, intercalando de vez en cuando besos en la mandíbula y en el cuello. Lleva sus manos hasta mi cintura y yo las bajo hasta su espalda, acercándolo más a mí. Se separa, poco espacio, pero el suficiente para contemplarme. Me toca la nariz y yo me pongo bizca. Separa el dedo y lo vuelve a acercar y yo repito de nuevo el movimiento de ojos. Nos reímos. Me besa la frente, despacio, al igual que la nariz, luego la barbilla, y por último -y más que nada para hacerme sufrir- la boca. Pasa su mano por mi pelo, siguiendo cada onda, cada forma con los dedos. Sujeta un rizo entre los dedos pulgar e índice y lo estira, después lo suelta para que vuelva a su forma inicial. Seguimos besándonos durante horas, en un silencio que únicamente en contadas ocasiones, es interrumpido por alguna risa o algún suspiro.
  Cada vez que para de besarme y se separa para mirarme, siento algo que llevaba mucho, muchísimo tiempo sin sentir, algo que nunca pensé que podría sentir de nuevo, algo extraño y difícil de explicar. La sensación que te aporta una manta en el día más frío. La sensación que te aporta un vaso de agua tras un largo paseo. La sensación que te aporta un abrazo en un día triste. La sensación que te aporta un beso de alguien a quien quieres.

#52

-¿Dónde estabas esta mañana?
-No lo recuerdo, hace demasiado tiempo.
-¿Qué haces esta noche?
-Nunca hago planes con tanta antelación.


martes, 17 de julio de 2012

#18

  Si Manech estubiera muerto, Mathilde lo sabría. Desde la noticia de su muerte ella se aferró obstinadamente a su intuición como a un fino hilo. Jamás perdió la esperanza. Mathilde es de naturaleza optimista; sabe que si ese hilo no la lleva hasta su amado no importa, no pasa nada, siempre podrá ahorcarse con el.


#4

A veces, a la vida se le escapa una sonrisa.


#65

-¿Por qué yo? ¿Por qué haces esto por mi? 
-Porque eres una buena persona, incluso cuando crees que nadie te está mirando.



#10

  No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos.


Capítulo 9: Mace

  -No sé yo... -digo no del todo convencido mientras me miro en el espejo-. Parezco un guarda-espaldas.
  -Estás muy guapo -dice Brook con una sonrisa. Se gira hacia Matt, que está sentado en la cama tecleando en el móvil-. ¿Tú qué opinas?
  -Eh... Sí, está bien -dice de forma seca para después volver a la pantalla del móvil.
  Brook se acerca lentamente a mí, escudriñando cada milímetro. Finalmente, sonríe satisfecha y asiente llevándose el dedo a la boca. Se coloca junto a mi y me da un sonoro beso en la mejilla.
  Oigo a alguien toser y acto seguido Matt se levanta dispuesto a irse, excusándose porque tiene que preparar la comida para la fiesta. Brook se despide rápidamente de él y vuelve a centrar su atención en mí. Lleva sus manos a la chaqueta y la desliza hacia abajo por mis brazos, quitándomela. Después, las desliza hasta los botones de la camisa y los desabrocha lentamente, rozándome de vez en cuando la piel y haciendo que me estremezca. Se acerca lentamente a mi oído e instintivamente cierro los ojos, esperando contacto. Pero el contacto no llega.
  -Deberías quitarte la ropa y guardarla para esta noche -me dice en un susurro casi inaudible.
  Se da la vuelta y se va.
  Al rato oigo unos pasos y veo a la madre de Brook pasar por delante de la puerta de mi habitación.
  -Hola, cielo -me saluda detrás de un cesto cargado con ropa-. ¿Ya tienes la ropa para la fiesta?
  -Sí -le contesto con una sonrisa, siendo consciente de que aún estoy sin camiseta-. Matt me ha dejado un traje y según Brook, me queda bien.
  -Me alegro -dice apoyándose el cesto en la cadera y pasando el peso a la otra pierna-. Y con ella ¿qué tal?
  La pregunta me pilla desprevenido. Me limito a sonreír y a pasarme la mano por la nuca.
  -Muy bien, hemos cogido confianza enseguida -contesto, intentando esquivar otra posible pregunta.
  -Eso está muy bien -dice sonriendo-. Sí señor.
  Se encamina hacia la puerta para salir de la habitación, pero se detiene y se lleva una mano a la frente, acordándose repentinamente de algo.
  -Mace, cielo, ¿te importaría subir al desván para bajarme unas cajas. Dile a Brook que te ayude.
  Ana desaparece por el pasillo tras dedicarme una amable sonrisa con el cesto de ropa sobre la cabeza. Bajo corriendo las escaleras y de repente noto una vibración en el bolsillo trasero de los vaqueros. Miro la pantalla parpadeante y veo el nombre de Sam en el móvil. Acepto la llamada y me llevo el teléfono al oído.
  -Dos tetas y ya te olvidas de tu mejor amigo, ¿eh? -dice a modo de saludo.
  -¡Y qué tetas! -contesto yo.
  -¿Qué tal, tío? ¿Cómo va todo por allí? ¿Ya ha habido tema? -mientras dice esto, me imagino que si hubiera estado al lado de Sam, me hubiera propinado un par de codazos acompañados de guiños. 
  -Muy bien, pero os echo de menos.
  -¡Y nosotros a tí! Sin nuestro Romeo, las chicas no se nos acercan ni a punta de navaja.
  Los dos reimos.
  -¿Qué tal con tu Gisele Bündchen?
  De forma totalmente involuntaria lanzo un largo suspiro.
  -¿Tan mal va la cosa, tío?
  -No, no, va genial, pero no se, Sam, no soy yo. O sea, sí que lo soy, pero me está cambiando.
  -¡Te está amariconando! -dice a punto de estallar de la risa.
  -Noo -digo exasperado-. Es que no me comporto como siempre; no tengo ganas de utilizarla y ya, ¿sabes? No quiero tirármela sin más. Me... -me cuesta horrores pronunciar estas palabras- gusta -digo finalmente-. Y mucho.
  Sam se queda en silencio y finalmente suspira.
  -¿Y qué crees que va a pasar al final?
  -No lo sé... -me froto el cuello con una mano-. Pero quiero estar con ella. Y probablemente después del verano también.
  -Pues si es así, me alegro mucho, Mace. Bueno, tengo que ir a recoger a mi hermana a ballet. Luego hablamos.
  -Adiós, Sam.
  Cuelgo y justo antes de guardar el móvil, vuelvo a notar una vibración, pero esta vez de mensaje.
Voy este fin de semana a Londres, a casa de mis tíos, si quieres nos podemos ver. El otro día me dejaste con ganas de más...Te quiero en mi cama. Jin.
  Se me había olvidado por completo; Jin. Habíamos quedado de vernos en Londres. Pero eso era antes de haber vuelto a ver a Brook. Ya no quiero ver a más chicas. Me propongo borrar el mensaje, pero justo en ese momento, Brook llega del jardín con una gran maceta vacía. Me meto el móvil en el bolsillo y acudo a ayudarla y ella me lo agradece con un beso en la mejilla.
  -Me ha dicho tu madre que subamos al desván a por unas cajas.
  Brook abre los ojos al caer en lo que la estoy pidiendo y se precipita escaleras arriba, hacia las que llevan a la última planta.
  Cuento los peldaños y llego hasta los dieciocho justo antes de llegar a una enorme habitación prácticamente vacía, únicamente ocupada por unas cuantas cajas aquí y allí, un viejo escritorio con una silla, unas cuantas alfombras enrolladas y una gruesa capa de polvo. Brook me explica que eso antes era el despacho de su padre, y que su madre, por falta de utilidad, decidió utilizarlo como trastero, aunque ella llevaba sin subir allí desde la muerte de su marido. Antes Brook solía pasar horas y horas tirada en el suelo junto a su padre, ella leyendo o haciendo los deberes, y él absorto en su trabajo, haciendo cuentas o revisando cartas. Ahora Brook sólo subía de vez en cuando, puede que una o dos veces al mes, ya que no le gustaba recordar ciertas cosas. Veo una ventana redonda, no muy grande, situada al otro lado de la habitación. Me dirijo hacia ella y observo divertido que bien podría hacerse pasar por el ojo de buey de un barco. En ese momento, una idea pasa por mi cabeza, aunque de forma fugaz, ya que se podría tachar de locura.
  -Son estas -me dice Brook en un tono alto mientras señala una pila de cajas.
  Bajamos las cajas, aunque mientras, yo sigo dándole vueltas a la idea que he tenido hace unos minutos. Dejamos las cajas en la cocina y Brook me dice que se va a preparar para la fiesta. 
  Me encuentro con Ana cuando me dirijo a mi habitación para asearme y de nuevo la idea me golpea la mente. 
  -Ana. es que... -la madre de Brook me mira con ojos amables, mientras se coloca un mechón de su alborotada melena rizada detrás de la oreja; son iguales-. Bueno, me he fijado que el desván necesita una mano de pintura, y, si quieres, me puedo ofrecer a hacerlo. Si te parece...
  -Bueno -dice, y puedo notar como sus mejillas se sonrojan ligeramente-, en realidad, te lo agradecería. Llevo mucho tiempo intentando hacerlo, pero no puedo -dice encogiéndose de hombros a la vez que a mi se me encoge el corazón.
  Le explico mi idea y también que quiero que sea mi regalo para Brook. Ella parece encantada con mi sugerencia y me promete no decir nada. Me encamino hacia mi habitación para salir al cabo de media hora listo. Espero a Brook en el porche, sentado en uno de los peldaños. Cuando oigo abrirse la puerta de la entrada, me levanto y me sacudo los pantalones. Bajo la vista y cuando la levanto y me encuentro con sus ojos, dudo por unos instantes que sea de noche. Lleva un vestido negro sin tirantes (¿por qué no va siempre con un vestido de esos?), el pelo suelto y ondulado le cae por la espalda y la sonrisa perfecta está bordeada por un color rojo que  queda igual de bien que su natural color rosado habitual. Se acerca a mí y observo que ya no me llega por la barbilla; ahora sus ojos están a la altura de mi nariz. Bajo la vista hacia sus pies y entonces lo entiendo todo. Lleva sus manos al cuello de mi camisa para colocarme la pajarita negra que finalmente no he conseguido ponerme y noto cómo un escalofrío recorre mi espalda. Vuelve a escudriñarme y al llegar a mis pies suelta una carcajada. Miro a mis Converse negras y muestro la mejor de mis sonrisas, del tipo que hace que Brook se quede embobada mirándome. 
  -Estaba muy incómodo con los otros -digo a modo de excusa.
  -No me preguntes por qué, pero te queda increíblemente bien -dice sonriendo de lado.
  -Es... -empiezo a decir.
  -El unicornio azul de los conjuntos -termina ella con sonrisa triunfal.

  -Estás muy guapa -digo mientras miro a Brook de soslayo.
  Brook me mira directamente y se para en seco. Al detenerme yo también, se abalanza -literalmente- a mi cuello y empieza a besarme y a morderme, hasta que caemos en la cuenta de que estamos en la calle para ir a un sitio y no para magrearnos. Se peina y se retoca el pintalabios que ahora tiene en forma de borratajo.
  Llegamos a la casa de Matt al cabo de quince minutos. Probablemente me habría perdido en un barrio en el que todas las calles son iguales, y que en esas calles, todas las casas son idénticas: mismo tejado, misma pintura, mismo buzón junto al mismo cubo de  basura, mismas flores y mismas señoras que cuidan de esas mismas flores. Pero en esta ocasión no lo hice ya que la música house sonando a todo volumen es inconfundible.
  Llamamos a la puerta varias veces, pero intuyendo que si esperamos fuera a que nos abran, podríamos estar toda la noche, Brook decide pasar por el jardín. Entramos por un pasillo acabado en una valla de madera oscura rodeado de arbustos a la derecha de la casa.  Al llegar al final, no puedo ocultar mi asombro al ver a unas treinta personas vestidas de gala alrededor de la piscina, riendo y bailando.
  -Si esto lo hace de despedida, ¿qué hace por su cumpleaños? -pregunto con seriedad, sin ánimos de ser gracioso.
  Brook saluda a un par de personas mientras nos abrimos paso hacia donde está Matt. Llegamos a su posición y Brook le da un abrazo para después ponerse a mi izquierda y darme la mano. Le ofrezco la mano que me queda libre a Matt para que la estreche, pero mientras me corresponde el saludo, noto que me mira fijamente el cuello. Miro a Brook de forma interrogante.
  -Creo que te has manchado un poco... -dice Matt-. Ahí -señala con desdén.
  Me acuerdo entonces del beso que Brook me ha dado hace escasos minutos y al imaginarme la forma de sus labios en color rojo plasmados en el cuello de la camisa, siento un calor repentino.
  Brook lleva su pulgar hasta la mancha e intenta -en vano- eliminarla, entonces ríe y apoya su mano en mi hombro.
  -Es que hemos tenido un... -dice antes de reír de nuevo- un pequeño problema.
  Entonces me da un sutil beso en los labios. Me parece ver que Matt sacude ligeramente la cabeza y pone los ojos en blanco, pero me parece absurdo, así que deshago ese pensamiento.
  Brook me presenta a unos amigos suyos y enseguida estoy totalmente integrado, bailando y hablando con gente.
  -Voy a por algo de beber, ¿quieres algo? 
  -Un zumo -me contesta Brook con una sonrisa encantadora.
  -Ahora vengo -digo antes de darle un beso.
  Emprendo mi camino hasta la mesa en la que están dispuestas todas las bebidas. Una vez allí me quito la pajarita en un tiempo veinte veces menor al que empleé en intentar ponérmela. Hay que ver lo que cuesta ponerse uno de estos chismes y lo fácil que es quitárselos. «Se parecen a los sujetadores», pienso riéndome en voz alta. 
  -Hola -una chica de pelo negro larguísimo y sombra de ojos de un color casi tan llamativo como los rotuladores que se utilizan para subrayar en los libros está a mi lado, sonriendo. Da miedo.
  -Hola -contesto intentando no parecer borde.
  -No te conozco -dice ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos.
  -Mmm... Yo a tí tampoco -digo de forma distraída mientras echo un par de hielos en un vaso.
  Se ríe de forma estridente, y me pregunto si realmente el chiste ha sido tan bueno.
  -No, es que yo conozco a todo el mundo de esta fiesta; soy la novia de Matt. Pero lo último no lo tomes como un dato relevante -me dice guiñándome un ojo a la vez que se enrolla un mechón de pelo en el dedo.
  -Vale, pues ya se quien eres -digo cogiendo las bebidas y emprendiendo mi camino hasta la silla en la que está sentada Brook.
  Me impide el paso poniéndome una mano en el pecho. 
  -Vaya, que fuerte estás -dice sonriendo para luego soltar una risita tonta. Está propasando mi espacio vital. Y en estos momentos eso sólo puede hacerlo Brooklyn.
  Me echo hacia atrás, incómodo. Veo a Brook acercarse lentamente, entornando los ojos y respiro aliviado. Se pone a mi lado y mira a esa chica con notable desagrado. La novia de Matt mira fugazmente a Brook antes de emitir una especie de gruñido. 
  -¿Qué pasa, Vivianne?
  -Aún no me has dicho quien eres -dice Vivianne, ignorando completamente a Brook.
  -Es Mace, y le estás molestando -dice Brook de forma seca.
  -Estábamos hablando -dice mientras da un paso amenazante-. Y eres tú la que molesta.
  Aunque las dos me den más miedo que mi madre cuando llego tarde a casa, me apresuro a ponerme entre medias.
  -Vamos, chicas, da igual. 
  Ambas me lanzan una mirada fulminante y opto por ponerme de nuevo al lado de Brook. Tras varios segundos de silencio y de miradas punzantes entre ellas, Brook opta por desandar el camino, cogiéndome de la mano.
  -Así que este es el chico que iba a venir a tu casa, ¿eh? -Vivianne sigue con la mirada a Brook mientras se aleja-. No está mal, aunque seguro que como Jem, ninguno.
  No sé quién es Jem, pero sí que sé que si Vivianne quería molestar, lo ha conseguido. La gente se empieza a fijar en la escena y se arremolina a nuestro alrededor.
  Brook se gira lentamente hasta clavar su mirada en la chica que se encuentra frente ha ella con los brazos cruzados a la altura del pecho y una expresión en la cara de estar disfrutando de lo lindo.
  -¿Qué has dicho? -musita Brook sin apenas mover los labios.
  La observo inmóvil, sin saber qué hacer. Me fijo en su mano, que sujeta temblando el vaso de zumo, aunque no sé si de rabia o de impotencia. En ese momento llega Matt.
  -Vamos, chicas, dejadlo y seguid disfrutando de la fiesta -dice con tono amigable, aunque los dos sabemos que eso no va a calmar nada. 
  -He dicho que estoy segura que, por muy bueno que esté, no va a llenar el hueco que te dejó Jem -dice alzando ligeramente la cabeza para hacerse oír-, en cualquiera de los sentidos -añade casi riéndose.
  Brook cierra fuertemente los ojos y me parece ver una lágrima recorrer su mejilla.
  -Es más -añade-, seguro que no lo sabes, pero te dejó porqué eras una frígida.
  Abre los ojos de golpe y da los dos pasos que la separan de Vivianne de forma segura y rápida y al llegar a ella, tira con fuerza el vaso contra la cara y el escote de la otra chica.
  -Joder, tía, es de mi madre -oigo a alguien después de que un tumulto de gente cierre el circulo y me impida ver.

lunes, 16 de julio de 2012

#23

Si él me va a dejar, que sea sin ropa.


#35

Muy lentamente, volvió la cabeza y miró a Shmuel, que ya no lloraba sino que tenía los ojos fijos en el suelo; parecía tratar de convencer a su alma para que saliera de su cuerpecito, flotara hacia la puerta y se elevara por el cielo, deslizándose a través de las nubes hasta estar muy lejos de allí.



domingo, 15 de julio de 2012

Capítulo 8: Brooklyn

  Me ha besado. Me ha besado. Me ha besado.
  Aunque no sé por qué, me ha besado. Y eso es lo que importa.
  Salgo de la heladería a las cinco y media y se supone que Mace viene a recogerme. Cruzo la calle con la intención de ir hacia el banco dónde hemos quedado y le veo, allí de pie, apoyado desenfadadamente en la farola, como quien no quiere la cosa, como un modelo de ropa interior, aunque le falte el estar semidesnudo.
  Sacudo la cabeza para apartar posibles pensamientos obscenos de mi mente y le sonrío cuando mira hacia mí. Él también sonríe, pero de la forma que tanto me gusta. De esa forma que no hace aposta para que yo le diga que la haga para que entonces él me pregunte que por qué y yo le diga que porque me encanta.
  Se despeina-peina el pelo mientras me acerco y arquea una ceja. 
 -¿Qué tal el día? -me pregunta, aunque no sabría decir si con algún mínimo interés.
 -Una locura -digo fingiendo entusiasmo-. Una mujer ha pedido bolitas de chocolate sobre el helado... ¡y no nos quedaban! Ha sido una situación límite, totalmente emocionante.
  Suelta una carcajada y me coge la mochila de la mano para ponérsela él en el hombro. Hasta con una mochila rosa de lunares blancos colgada, está para comérselo.
 -¿A dónde me vas a invitar a tomar algo? -pregunto pestañeando, sabiendo que le resulta irresistible.
 -¿Cómo? -pregunta fingiendo sorpresa-. Encima que vengo a por ti... 
 -¡Pero si no es nada! -digo poniendo voz dulce-. Ejercicio para tus músculos de acero -añado pellizcándole  el brazo.
 -No sabes la de depravados que hay sueltos por aquí... Es que un caramelito como yo no puede ir por la calle sin que le digan barbaridades...
 -No hay derecho... Claro, vas provocando, y pasa lo que pasa... -digo totalmente indignada.
 -Habló, la que tira toallas aposta para que la gente le vea el trasero -dice levantando el pulgar y asintiendo.

 -¿Qué van a querer tomar? -nos pregunta la camarera con una sonrisa mientras saca un bolígrafo de su delantal.
 -Un batido de vainilla -dice Mace devolviéndole la carta- y una de patatas.
  Le miro con cara interrogante y niego mientras sonrío.
 -Un té helado y una de patatas.
  Le devuelvo la carta a la camarera y tras cogerla, se queda tres segundos más de la cuenta mirando a Mace mientras le sonríe, a lo que no se me ocurre hacer otra cosa que cogerle la mano y acariciarla. Ella baja la vista hasta nuestras manos y se va tras lanzar un suspiro de fastidio.
  Mace mira su mano y se ríe. La suelto acordándome de repente de lo que estoy haciendo y me pongo roja al instante.
  -No hace falta que te pongas celosa; sólo tengo ojos para ti.
  Dice esto con una sonrisa que insinúa que está a punto de estallar de la risa, pero, no se por qué, por sus ojos creo que lo dice totalmente convencido.
  Mace se estira un poco en su asiento, doblando los brazos hacia atrás y poniéndose las manos en la nuca.
  Me fijo en sus brazos, y un escalofrío recorre mi espalda. Intuyo que la camarera que nos atendió hace unos minutos también se fija, porque tira unos refrescos en la mesa de al lado al quedarse mirando a Mace.
  A los pocos minutos nos traen la comida y la bebida y me vuelvo a acordar de la extraña mezcla de batido-patatas de Mace y decido preguntarle.
  -El batido y las patatas me gustan -se limita a contestar, encogiéndose de hombros.
  -¿Y...? -tiro de la cuerda un poco más, intentado completar la información.
  -Si me gustan por separado, juntos... -se queda callado para encontrar las palabras adecuadas-  juntos son como  el unicornio rosa de los alimentos -dice finalmente con una sonrisa triunfal.
  Abro la boca para replicar pero decido que es mejor no intentarlo y me limito a dar un sorbo a mi té.
  Miro detenidamente a Mace y observo cómo moja una patata en el batido y se la mete en la boca. Le miro fijamente, intentando asimilarlo, pero no puedo. Mace se está metiendo en la boca una patata frita cubierta de batido de vainilla.
  Me ofrece varias veces, a punto de morirse de la risa por mi cara de repugnancia, asegurando que está mucho mejor, pero me niego en redondo.
  -Ahora vengo -dice mientras se levanta para ir al baño.
  Le observo alejarse y cuando creo que no me ve, cojo una de las patatas y meto la punta en el batido. Me la acerco despacio, con cierto miedo y muerdo la parte mojada. La mastico lentamente, arrugando la cara, pero me sorprendo a mí misma, queriendo repetir al notar el extraño pero delicioso sabor. Vuelvo a mojar la patata y a metérmela en la boca, pero noto una mano en el hombro y la cara de Mace posándose al lado de mi oído.
  -Lo siento, el baño estaba hacia el otro lado.
  Noto como enrojezco lenta pero inexorablemente mientras se aleja hacia el otro sentido, no sin antes guiñarme un ojo.


  -Sabía que te iba a gustar, eres demasiado testaruda -dice señalándome con el dedo índice de forma acusadora.
  -No, sé de que me hablas... Y además, no me ha gustado.
  Se ríe y me pasa un brazo por los hombros. En ese mismo instante me da por mirar el suelo para comprobar que no me estoy deshaciendo como un helado.
  -Mañana es la fiesta de despedida de Matt -digo haciéndome una trenza-. ¿Quieres venir?
  Me mira con cara de sorpresa, y enarca una ceja. 
  -No conozco a nadie. 
  -Me conoces a mí -digo ofreciendo una sonrisa encantadora-. ¿No te basta?
  Emite un gruñido y se muerde el labio inferior. 
  -Menos mal que lo has dicho tú primero... Temía que si lo decía, te sentara mal.
  Hago una mueca y le saco la lengua.
  -Me gustaría que vinieras -digo con exasperación, sabiendo que era lo que quería que dijera desde el principio.
  -Te ha costado, ¿eh? -me dice adelantándome mientras caminamos y dándose la vuelta para mirarme mientras camina de espaldas-. ¿Cómo tengo que ir vestido?
  -Pues... -me paro unos segundos y reanudo la marcha-. Se supone que bien, es decir, con corbata o algo así.
  -Sí, claro -suelta algo parecido a una carcajada y pone cara de haber escuchado el mejor chiste del mundo, pero elimina su expresión al ver que le observo con mirada seria-. ¿Va enserio?
  -Pues sí -digo ladeando lentamente la cabeza.
  -Yo no tengo ninguna chaqueta ni nada parecido.
  -Bueno, le puedo preguntar a Matt. Creo que tenéis la misma talla. Estoy segura de que no le importará.
  Seguimos andando en silencio hasta llegar a la calle de mi casa. 
  -Háblame de Matt -me pide Mace.
  -¿Qué? -no puedo ocultar el asombro en mi voz.
  -Sí. ¿Ha habido algo entre vosotros? -pregunta realmente interesado.
  -Mmm no. Somos amigos. Somos muy amigos.
  -¿Es el unicornio rosa de los amigos? -me pregunta con seriedad.
  No puedo evitar reírme al ver a un chico de casi metro noventa de estatura pronunciando las palabras "unicornio rosa".
  -Sí, es el unicornio rosa de los amigos.
  -Entonces me alegro -dice asintiendo.
  Mira en silencio al suelo.
  -Se ve que es muy buen chico, y que te quiere muchísimo -me dice, pero ya no veo nada de broma en su cara, ningún ápice de diversión, sólo seriedad y voz denotando gravedad.
  Asiento sin emitir ningún sonido y, sin saber exactamente por qué, busco su brazo y me lo paso por los hombros, para luego rodearle la cintura con los mios.
  Llegamos a mi casa y entramos. Nos sentamos en el sofá y hablamos durante horas. Hablamos tanto que incluso se me olvida dónde estoy o qué hora es, qué tiempo hace o en qué año estamos. Hablamos de todo lo que se nos ocurre: de libros, de películas, de lugares por visitar y de lugares visitados, de novios y de novias, de locuras, de fantasías, de momentos vergonzosos, de unicornios rosas, de patatas mojadas en batidos -aunque según él, las patatas mojadas en batido de chocolate son el unicornio azul, que es un grado más que el rosa-, hablamos incluso de nosotros. No me acuerdo de qué exactamente, sólo sé que empecé a tiritar y él me puso su sudadera por encima, una sudadera que olía a vainilla.

lunes, 9 de julio de 2012

#83

-No volverás a guardar los sombreros y los abrigos de los demás.
-¿Por qué?
-Porque ahora estás conmigo.
-Pero es que no sé nada de ti.
-Me crié en una granja en Mooresville, Indiana. Mi madre murió cuando tenía tres años. Mi padre me daba palizas porque no conocía otra forma de educarme. Me gusta el béisbol, el cine, la ropa buena, los coches rápidos, el whisky y tú. ¿Qué más necesitas saber?


domingo, 1 de julio de 2012

#71

  Cuando Mathilde y Manech hicieron el amor la primera vez, Manech se quedó dormido con la mano posada en su pecho. Cada vez que Manech sentía latir su herida, era como sentir el latido del corazón de Mathilde en la palma de su mano, y cada latido la acercaba a él.