He de reconocer que estoy bastante nervioso.
Hoy, por fin, es mi cita con Brook.
Estoy sentado en el borde del sofa, moviendo nerviosamente las piernas arriba y abajo con las manos cruzadas sobre los muslos y ligeramente encorvado.
Espero a que baje mientras miro constantemente el reloj en busca de un mínimo movimiento en el minutero.
¿Por qué tarda tanto?
Realmente no sé qué vamos a hacer, ya que ella es la que vive aquí y yo no conozco nada de esto.
¿De verdad solo han pasado veintitrés segundos?
Me paso la mano por el pelo para despeinarmelo. Es un gesto habitual en mí; es mi forma de peinarme.
Me levanto para mirarme en el espejo de la entrada. Camisa azul claro un poco ajustada y remangada y unas bermudas beiges. Me pregunto si sera suficiente para Brook y vuelvo a despeinarme.
Oigo pasos y a los pocos segundos veo a Brook bajar las escaleras desde la entrada.
Definitivamente, no será suficiente.
Está guapísima. Baja los últimos escalones más deprisa, haciendo que el vestido blanco que lleva se eleve ligeramente. Sonríe tímidamente y se coloca un mechón detrás de la oreja.
Se coloca delante de mí y por un momento me parece ver que su sonrisa se agranda.
-¿Estás listo para nuestra visita guiada? -pregunta enarcando una ceja.
-Espera, espera -digo abriendo la puerta principal y dejándola pasar-. ¿No habíamos dicho que esto era una cita?
Suelta una carcajada mientras baja los escalones del porche.
-Dijiste que solo tenías citas con chicas que te parecían guapas -dice entornando los ojos.
-Exacto -digo sonriendo-. De todas formas, si te has arreglado tanto es por algo.
-¿Yo? -dice de forma exagerada-. Solo llevo un vestido corto y sandalias. No voy arreglada. No creas que me interesas tanto.
Por un momento se me forma un nudo en la garganta que desaparece en cuanto una sonrisa burlona aparece en su lugar en su cara.
Tras una mañana llena de paseos por calles inundadas de gente, charlas explicativas sobre hechos y lugares históricos y alguna que otra tienda a la que Brook no ha podido resistirse a entrar, hemos llegado al «Hyde Park».
Mientras caminamos, me atrevo a mirar a Brook. Ella me de vuelve la mirada de forma intensa y sonríe, sonrojándose ligeramente.
-Me lo he pasado muy bien -dice recolocándose el asa del bolso-, aunque no haya acabado.
-No esperaba menos -digo elevando las cejas mientras meto las manos en los bolsillos del pantalón-; me he trabajado bastante la cita.
Brook abre la boca exageradamente fingiendo sorpresa y se ríe sonoramente. Se acerca hacia mí, con intención de propinarme uno de sus puñetazos amistosos, pero la detengo antes de que su puño llegue a tocar mi hombro y la sujeto rodeándola los hombros con mi brazo. Noto como deja de tensarse y apoya ligeramente la cabeza en mi hombro. Seguimos caminando en esa postura un par de metros hasta llegar a una zona llena de césped en la que sentarnos.
Saca el móvil para mandar un mensaje a su amigo. ¿Cómo se llamaba? ¿Dan? ¿Lance? Cuando termina le cojo el móvil para curiosear un poco. Tiene un submarino amarillo como fondo de pantalla. Es una especie de foto de un mural. Alrededor del submarino hay distintas tonalidades de azul, emulando el mar. Sin saber por qué, sonrío al verlo.
-¿Por qué tienes ese fondo de pantalla? -pregunto devolviéndola el teléfono.
Sonríe, pero de una forma extraña. Esta vez no se ve la luz que se puede observar normalmente; es una sonrisa triste, como si no le hubiera gustado la pregunta pero quisiera disimular.
-Es por la canción de los Beatles. Yellow Submarine. Mi padre y yo siempre la escuchábamos juntos -hace una pausa-. Era nuestra canción -dice finalmente con un hilo de voz.
Trago saliva y me siento estúpido por haberla hecho sentir mal.
-Lo siento, yo no...
-Oh, no -me corta con los ojos ligeramente brillantes, pero dudo que sea de alegría-. No pasa nada, no lo sabías. Es simplemente que aún no me he acostumbrado a estar sin él.
Deja las manos apoyadas en el suelo y en un impulso, le acaricio el dorso de una de ellas.
Noto como se sobresalta ligeramente por el contacto de mi piel.
Me tumbo en el césped, con los brazos doblados hacia arriba y la cabeza apoyada sobre las manos
-Sigue siendo mi canción favorita -dice antes de tumbarse bocaabajo justo a mi lado, apoyando sus codos para mantenerse a mayor altura.
Por un momento no sé qué hacer ni qué decir, hasta que se da la vuelta y apoya su cabeza en mi torso.
Estamos en esa postura durante varios minutos, sin hacer nada más.
-¿Qué quieres que te regale por tu cumpleaños?
Noto como mueve sutilmente la cabeza al reírse.
-No hace falta que me regales nada -dice mientras recorre con el dedo mi muñeca y sube hasta mi antebrazo-; no me gustan los regalos.
-Si no me lo dices, puede que te regale algo que no te guste.
-Correré ese riesgo -dice levantando ligeramente la cabeza para mirarme y para luego volver a bajarla.
Volvemos de nuevo al puro silencio. Solo se oyen pájaros en lo alto de un árbol, a lo lejos. La fuente más próxima hace que te quedes adormilado por el repiqueteo de las gotas en la piedra.
Noto la respiración de Brook. Puedo ver tu pecho subiendo y bajando de forma rítmica y lenta. Sin saber exactamente por qué, eso me tranquiliza.
Brook abre la boca para decir algo, pero sacude la cabeza ligeramente antes de que sus palabras salgan.
Finalmente empieza a hablar.
-¿Por qué has querido tener esta cita conmigo?
Río nervioso sin saber muy bien qué decir.
-¿No decías que esto no era una cita? Que era una visi...
-No, te lo pregunto enserio -dice dándose la vuelta y mirándome con la cabeza ligeramente levantada-. ¿Por qué?
Trago saliva nervioso y noto como mi pulso se acelera. Siento un nudo en la garganta y me muerdo el labio.
Brook me mira fijamente, lo que hace que me ponga aún más nervioso. Se acerca un poco más a mí, apoyando su brazo en mi abdomen. Puedo respirar su perfume. Sigue acercándose hasta estar a escasos centímetros de mi cara. Me mira fijamente a los ojos y hago un esfuerzo sobre humano por no besarla.
-Me gustas -digo obnubilado por la profundidad de su mirada.
Ella abre mucho los ojos y se echa hacia atrás rápidamente, con cara de confusión. Se levanta y se sacude el trasero para eliminar las briznas de hierba que se habían quedado pegadas. Niega lentamente con la cabeza. Yo me incorporo y me quedo sentado, abrazándome las rodillas. Ella me vuelve a mirar y se tapa la boca con la mano antes de soltar una carcajada.
-Estaba bromeando -dice haciendo un gesto con la mano.
Me mira a los ojos y sonríe de una forma extraña, con los puños apoyados en las caderas, los brazos en jarras.
-Yo no -digo mientras me levanto-. Me gustas, Brook. Y mucho. No sé cómo, ni por qué, ni desde cuándo. Solo sé que me gustas.
Siento como si me hubiera quitado un enorme peso de encima. Y eso que no miento. Nunca, por ninguna chica, había sentido lo que siento por Brook. No la quiero utilizar, ni pasar un buen rato con ella para luego olvidarla, o prometerla que la voy a llamar, para luego no coger yo sus llamadas mientras estoy con otra. No. Quiero estar con ella. Quiero pasar el verano a su lado. Y punto.
Se coloca el pelo de forma nerviosa detrás de la oreja y cambia de postura para cruzar los brazos delante del pecho. Baja la mirada hasta sus pies y da un ligero golpe al suelo con el tacón. Sonríe, se muerde el labio y me mira. Esto último hace que me derrita y que no pueda resistirme; me levanto rápidamente y me acerco a ella con la mirada fija en sus labios. Me quedo delante de ella. Sube la cabeza sutilmente para mirarme a los ojos. Llevo mi mano hasta su pelo y lo acaricio, como tantas veces había pensado. Paro la mano en su hombro y la deslizo hasta la nuca. Ella cierra los ojos y suelta un suspiro. Para cuando los vuelve a abrir, yo ya estoy a dos centímetros de su cara, así que la obligo a volver a cerrarlos cuando junto mis labios con los suyos. Ella tarda en reaccionar, y al principio pienso que se va a apartar, pero me alegro al notar como responde y lleva su mano hasta mi hombro.
Sonríe en medio del beso y me susurra al oído que lleva queriendo hacer esto desde que me confundió en el aeropuerto.
