jueves, 31 de mayo de 2012

Capítulo 7: Mace

  He de reconocer que estoy bastante nervioso.
  Hoy, por fin, es mi cita con Brook.
  Estoy sentado en el borde del sofa, moviendo nerviosamente las piernas arriba y abajo con las manos cruzadas sobre los muslos y ligeramente encorvado.
  Espero a que baje mientras miro constantemente el reloj en busca de un mínimo movimiento en el minutero.
  ¿Por qué tarda tanto?
  Realmente no sé qué vamos a hacer, ya que ella es la que vive aquí y yo no conozco nada de esto.
  ¿De verdad solo han pasado veintitrés segundos?
  Me paso la mano por el pelo para despeinarmelo. Es un gesto habitual en mí; es mi forma de peinarme.
  Me levanto para mirarme en el espejo de la entrada. Camisa azul claro un poco ajustada y remangada y unas bermudas beiges. Me pregunto si sera suficiente para Brook y vuelvo a despeinarme. 
  Oigo pasos y a los pocos segundos veo a Brook bajar las escaleras desde la entrada.
  Definitivamente, no será suficiente. 
  Está guapísima. Baja los últimos escalones más deprisa, haciendo que el vestido blanco que lleva se eleve ligeramente. Sonríe tímidamente y se coloca un mechón detrás de la oreja.
  Se coloca delante de mí y por un momento me parece ver que su sonrisa se agranda.
 -¿Estás listo para nuestra visita guiada? -pregunta enarcando una ceja.
 -Espera, espera -digo abriendo la puerta principal y dejándola pasar-. ¿No habíamos dicho que esto era una cita?
  Suelta una carcajada mientras baja los escalones del porche.
 -Dijiste que solo tenías citas con chicas que te parecían guapas -dice entornando los ojos.
 -Exacto -digo sonriendo-. De todas formas, si te has arreglado tanto es por algo.
 -¿Yo? -dice de forma exagerada-. Solo llevo un vestido corto y sandalias. No voy arreglada. No creas que me interesas tanto.
  Por un momento se me forma un nudo en la garganta que desaparece en cuanto una sonrisa burlona aparece en su lugar en su cara.

  Tras una mañana llena de paseos por calles inundadas de gente, charlas explicativas sobre hechos y lugares históricos y alguna que otra tienda a la que Brook no ha podido resistirse a entrar, hemos llegado al «Hyde Park». 
  Mientras caminamos, me atrevo a mirar a Brook. Ella me de vuelve la mirada de forma intensa y sonríe, sonrojándose ligeramente.
 -Me lo he pasado muy bien -dice recolocándose el asa del bolso-, aunque no haya acabado.
 -No esperaba menos -digo elevando las cejas mientras meto las manos en los bolsillos del pantalón-; me he trabajado bastante la cita.
  Brook abre la boca exageradamente fingiendo sorpresa y se ríe sonoramente. Se acerca hacia mí, con intención de propinarme uno de sus puñetazos amistosos, pero la detengo antes de que su puño llegue a tocar mi hombro y la sujeto rodeándola los hombros con mi brazo. Noto como deja de tensarse y apoya ligeramente la cabeza en mi hombro. Seguimos caminando en esa postura un par de metros hasta llegar a una zona llena de césped en la que sentarnos.
  Saca el móvil para mandar un mensaje a su amigo. ¿Cómo se llamaba? ¿Dan? ¿Lance? Cuando termina le cojo el móvil para curiosear un poco. Tiene un submarino amarillo como  fondo de pantalla. Es una especie de foto de un mural. Alrededor del submarino hay distintas tonalidades de azul, emulando el mar. Sin saber por qué, sonrío al verlo.
 -¿Por qué tienes ese fondo de pantalla? -pregunto devolviéndola el teléfono.
  Sonríe, pero de una forma extraña. Esta vez no se ve la luz que se puede observar normalmente; es una sonrisa triste, como si no le hubiera gustado la pregunta pero quisiera disimular.
 -Es por la canción de los Beatles. Yellow Submarine. Mi padre y yo siempre la escuchábamos juntos -hace una pausa-. Era nuestra canción -dice finalmente con un hilo de voz.
  Trago saliva y me siento estúpido por haberla hecho sentir mal.
 -Lo siento, yo no...
 -Oh, no -me corta con los ojos ligeramente brillantes, pero dudo que sea de alegría-. No pasa nada, no lo sabías. Es simplemente que aún no me he acostumbrado a estar sin él.
  Deja las manos apoyadas en el suelo y en un impulso, le acaricio el dorso de una de ellas.
  Noto como se sobresalta ligeramente por el contacto de mi piel.
  Me tumbo en el césped, con los brazos doblados hacia arriba y la cabeza apoyada sobre las manos
 -Sigue siendo mi canción favorita -dice antes de tumbarse bocaabajo justo a mi lado, apoyando sus codos para mantenerse a mayor altura.
  Por un momento no sé qué hacer ni qué decir, hasta que se da la vuelta y apoya su cabeza en mi torso.
  Estamos en esa postura durante varios minutos, sin hacer nada más.
 -¿Qué quieres que te regale por tu cumpleaños?
 Noto como mueve sutilmente la cabeza al reírse.
 -No hace falta que me regales nada -dice mientras recorre con el dedo mi muñeca y sube hasta mi antebrazo-; no me gustan los regalos.
 -Si no me lo dices, puede que te regale algo que no te guste.
 -Correré ese riesgo -dice levantando ligeramente la cabeza para mirarme y para luego volver a bajarla.
  Volvemos de nuevo al puro silencio. Solo se oyen pájaros en lo alto de un árbol, a lo lejos. La fuente más próxima hace que te quedes adormilado por el repiqueteo de las gotas en la piedra.
  Noto la respiración de Brook. Puedo ver tu pecho subiendo y bajando de forma rítmica y lenta. Sin saber exactamente por qué, eso me tranquiliza. 
  Brook abre la boca para decir algo, pero sacude la cabeza ligeramente antes de que sus palabras salgan.
  Finalmente empieza a hablar.
 -¿Por qué has querido tener esta cita conmigo?
  Río nervioso sin saber muy bien qué decir.
 -¿No decías que esto no era una cita? Que era una visi...
 -No, te lo pregunto enserio -dice dándose la vuelta y mirándome con la cabeza ligeramente levantada-. ¿Por qué?
  Trago saliva nervioso y noto como mi pulso se acelera. Siento un nudo en la garganta y me muerdo el labio.
  Brook me mira fijamente, lo que hace que me ponga aún más nervioso. Se acerca un poco más a mí, apoyando su brazo en mi abdomen. Puedo respirar su perfume. Sigue acercándose hasta estar a escasos centímetros de mi cara. Me mira fijamente a los ojos y hago un esfuerzo sobre humano por no besarla.
 -Me gustas -digo obnubilado por la profundidad de su mirada.
  Ella abre mucho los ojos y se echa hacia atrás rápidamente, con cara de confusión. Se levanta y se sacude el trasero para eliminar las briznas de hierba que se habían quedado pegadas. Niega lentamente con la cabeza. Yo me incorporo y me quedo sentado, abrazándome las rodillas. Ella me vuelve a mirar y se tapa la boca con la mano antes de soltar una carcajada.
 -Estaba bromeando -dice haciendo un gesto con la mano.
  Me mira a los ojos y sonríe de una forma extraña, con los puños apoyados en las caderas, los brazos en jarras.
 -Yo no -digo mientras me levanto-. Me gustas, Brook. Y mucho. No sé cómo, ni por qué, ni desde cuándo. Solo sé que me gustas.
  Siento como si me hubiera quitado un enorme peso de encima. Y eso que no miento. Nunca, por ninguna chica, había sentido lo que siento por Brook. No la quiero utilizar, ni pasar un buen rato con ella para luego olvidarla, o prometerla que la voy a llamar, para luego no coger yo sus llamadas mientras estoy con otra. No. Quiero estar con ella. Quiero pasar el verano a su lado. Y punto.
  Se coloca el pelo de forma nerviosa detrás de la oreja y cambia de postura para cruzar los brazos delante del pecho. Baja la mirada hasta sus pies y da un ligero golpe al suelo con el tacón. Sonríe, se muerde el labio y me mira. Esto último hace que me derrita y que no pueda resistirme; me levanto rápidamente y me acerco a ella con la mirada fija en sus labios. Me quedo delante de ella. Sube la cabeza sutilmente para mirarme a los ojos. Llevo mi mano hasta su pelo y lo acaricio, como tantas veces había pensado. Paro la mano en su hombro y la deslizo hasta la nuca. Ella cierra los ojos y suelta un suspiro. Para cuando los vuelve a abrir, yo ya estoy a dos centímetros de su cara, así que la obligo a volver a cerrarlos cuando junto mis labios con los suyos. Ella tarda en reaccionar, y al principio pienso que se va a apartar, pero me alegro al notar como responde y lleva su mano hasta mi hombro.
  Sonríe en medio del beso y me susurra al oído que lleva queriendo hacer esto desde que me confundió en el aeropuerto.

miércoles, 16 de mayo de 2012

#89

  En este momento hay seis mil cuatrocientos setenta millones, ochocientos dieciocho mil, seiscientos setenta y un habitantes en el mundo. Algunos huyen asustados. Otros vuelven a casa. Algunos cuentan mentiras para poder sobrevivir. Otros se enfrentan a la verdad. Algunos hombres son los malos en guerras. Y algunos son buenos, y luchan contra el mal. Seis millones de personas en el mundo. Seis mil millones de almas. Y a veces solo necesitas a una.


miércoles, 9 de mayo de 2012

Capítulo 6: Brooklyn

 -¿Que estaba sin camiseta? -pregunta atónito Matt.
  Asiento fingiendo gravedad y acto seguido me levanto para traer más limonada. Matt se va en unos días a Francia y quiero pasar más tiempo con él.
  Volviendo con el vaso lleno, oigo abrirse la puerta del baño y supongo que Mace ya habrá salido de la ducha.
  Me temo lo peor.
 -¿Sabes? -dice después de darle un sorbo al vaso-, creo que voy a dar una fiesta en mi casa antes de irme. Tipo despedida.
 -¿Ah, sí? Yo voy -contesto entusiasmada.
 -Va Vivi -dice Matt con una media sonrisa muy extraña pintada en la cara.
 -Uy, pues, ahora que lo dices, creo que ese día tengo algo... Sí, una pena... Me hacía una ilusión ir...
 -¿Algo? -pregunta enarcando una ceja.
 -Sí... -digo no del todo convencida-. Algo...
 -¿Qué tienes? -pregunta Matt a punto de reirse.
 -Esto... ¡Una operación! Sí... Bueno, no te lo había dicho porque es una operación a vida o muerte y no quería preocuparte...
  Matt empieza a reírse y tras unos cuantos segundos intentando articular una palabra, por fin lo consigue.
 -¿De qué es?
 -¿Aumento de pecho? -pregunto sin terminar de estar convencida.
 -¡Já! -dice sarcástico Matt-. Ya podrías haberte inventado algo mejor, porque eso no cuela.
 -¿Y eso por qué?
 -Brook -dice mientras me pone una mano en el hombro-, me he cambiado contigo y te he visto en la playa. Lo último que necesitas es un aumento de pecho.
 Le doy un pequeño codazo y suelto una carcajada.
 Oigo pasos en las escaleras y la voz de Mace tarareando una canción.
 -Oh, mira -dice Matt con una sonrisa de oreja a oreja-, el padre de tus hijos está bajando las escaleras.
  Pongo los ojos en blanco mientras hago una mueca y él me contesta con una reverencia.
  Mace aparece por el arco del salón y le hago una seña para que venga.
  Va sin camiseta. ¡Qué raro!
  Matt tose disimuladamente y yo le propino un pisotón para que se calle.
 -Mace, este es Matt. Matt, Mace.
  Matt se acerca y le tiende la mano, a lo que Mace responde con apretón.
  Un escalofrío me recorre la espalda pero lo ignoro.
  Mace va hacia la cocina y Matt y yo nos volvemos a sentar en el sofá.
 -¿Por qué va sin camiseta? -me pregunta Matt.
 -No lo sé -contesto. «Pero me gusta», pienso.
 -Se parece a este de Crepúsculo que nunca lleva camisetas... ¿Cómo se llamaba? ¿Jason?
  Ignoro completamente el intento de Matt por acordarse del nombre del hombre lobo de la película y me giro instintivamente para ver a Mace. Hace dos días no me fijé en su torso musculoso ni en sus brazos, los cuales incitan a tocarlos. Me atrevo a mirar mas abajo de su abdomen y descubro una fina linea de vello que baja desde su ombligo hasta desaparecer más allá de los calzoncillos, los cuales asoman apensas unos centímetros sobre los pantalones.
  ¿Hace calor aquí o soy yo?


 -¡Mamá! Voy a ducharme.
 -Vale cariño -grita mi madre desde su habitación.
  Cojo la toalla de encima del perchero situado detrás de la puerta y abro el grifo del agua.
  Pongo la radio y me desnudo.
  Me meto en la ducha y subo aún más la radio.
  Escucho tres golpes. ¡Bua!, será mi madre -estaba colgando cuadros-.
  Termino de ducharme y me enrollo la toalla.
  Salgo de mi baño con la radio al máximo volumen.
  Estoy tan concentrada secándome el pelo con la toalla que no veo lo que...
 -¡Ah! -exclamo al ver a Mace en mi habitación, subido en una silla y con unos auriculares, escuchando música.
 -Lo siento mucho -dice balbuceando mientras se quita los auriculares rápidamente y aparta la mirada-. Yo... He llamado y no has contestado... Tu madre me había dicho que colgara este cuadro y...
 -No, no pasa nada. Me cambio en el baño.
 Me giro completamente y desando mis pasos de vuelta al baño.
 Caos total.
 ¿En qué momento de mi existencia se me ha ocurrido a mí llevar toallas demasiado grandes las cuales puedo pisar para, acto seguido, quedarme casi desnuda delante de un chico?
 En este mismo instante.
 Sin saber como, piso un extremo de la toalla, lo que hace que tire de ella para atrás, obteniendo como consecuencia el que se me vea todo -todo- desde la nuca hasta los tobillos.
 Si, Mace me ha visto desnuda por detrás.
 Me agacho lo más digna que puedo para coger de nuevo la toalla y poder cubrirme, rezando en todos los idiomas que se me vienen a la cabeza para que en ese momento Mace no hubiera estado atento a mi tropiezo, lo cual era más que improbable. ¿No?


  Mace se ofrece a acompañarme a la heladería en la cual voy a trabajar el resto del verano. Aún no me atrevo ni a mirarle a la cara, sin embargo cada vez que detecta que le miro de reojo, noto como una enorme sonrisa se forma en su rostro.
 -¿Te puedo dar mi opinión sobre un tema? -pregunta enarcando una ceja.
 -Sí -contesto encogiéndome de hombros.
 -No necesitas salir a correr todas las mañanas; ya tienes el culo en su sitio.
  Dicho esto estalla en una serie de carcajadas que cesan cuando le propino un puñetazo en el brazo.
 -Oye, en unos cuantos días, Matt va a dar una especie de fiesta de despedida por irse a Francia. A mí me ha invitado. ¿Quieres venir? -pregunto poniéndome la mano a modo de visera para protegerme los ojos del sol.
 -Espera, espera, espera -dice mientras se para en seco-. ¿Me estás pidiendo salir?
 -¡No! Te estoy ofreciendo ir a una fiesta. 
 -Entonces esto no anula la cita que me prometiste, que conste.
  Fuerzo una sonrisa y le obligo a seguir caminando.
 -¿Sabes qué? Cancelo nuestra cita -dice haciendo un gesto exagerado con los brazos-.
 -¿Y eso? -pregunto asombrada.
  Sin darme cuenta, hemos llegado a la heladería. 
 -He decidido que prefiero una cita con la señorita culito-respingón -dice mientras me guiña un ojo.


  Tras la entrevista, Mace y yo nos sentamos en un banco frente a un parque con un vaso de batido de fresa y plátano en la mano.  
 -El otro día me dijiste que no tenías novio -me pregunta Mace con su habitual cara de que a continuación va a hacer la broma del siglo-. ¿Qué pasó con el último?
  Debo de poner una cara rara porque al segundo se echa ligeramente hacia atrás y hace un gesto con la mano.
 -Bueno, si se puede saber, me refiero.
  Sonrío.
 -¿Por qué supones que he tenido novio? -pregunto girándome hacia él, interesada.
 -No sé... Digamos que eres una chica que tiene pinta de haber tenido novio. 
  Le miro con expresión desconcertada.
 -Sabes por qué te lo digo. 
  Mantengo la mueca de no entender nada.
 -Eres... Mmm... Digamos... -se calla y por un momento me parece oír que dice «perfecta», pero desecho inmediatamente ese pensamiento y le corto. 
 -Se enrolló con una chica y después me dejó.
 -¿Le querías?
  La pregunta me pilla completamente de sopetón.
 -Pues supongo. Sí, le quería.
  Asiente en silencio y se gira para mirar hacia la fuente que está justo delante de nosotros. Me dedico a analizar cada sombra y cada reflejo que la poca luz que queda proyecta en su cara. 
  Es guapo. Verdaderamente guapo. 
 -¿Y tú?
 -¿Yo qué? -pregunta antes de dar un sorbo a su vaso.
 -Sí. ¿Qué pasó con tu última novia?
  Noto como algo en él se tensa. Tarda mucho en responder.
 -No he tenido nunca novia.
  Suelto una carcajada, pero el hecho de que él no haya movido ni un solo músculo en su cara que muestre un atisbo de sonrisa, hace que me calle al instante.
 -Nunca he querido a nadie, la verdad. Solo chicas con las que me lo paso bien, pero nunca siento nada, ¿entiendes?
  Asiento en silencio. ¿Será Mace capaz de querer a alguien?
  De repente siento un nudo en la garganta. ¿Será capaz de quererme alguna vez a mí?
  Me siento estúpida al momento por tener pensamientos de ese tipo, y sacudo la cabeza de un lado a otro para quitármelo.
  Doy un largo sorbo a mi batido y dejo el vaso sobre el asiento del banco.
  Me giro hacia Mace.
 -Seguro que el señor musculitos encuentra a alguien que le quiera -digo pestañeando varias veces seguidas.
  Sonríe con una de esas sonrisas que hacen que hasta el más grande de los icebergs se derrita y pasa su pulgar sobre mi labio inferior para quitarme un bigote de batido que ni siquiera me había dado cuenta que tenía.
  Siento que me tiemblan las piernas y que, probablemente, si no hubiera estado sentada, me hubiera caído.
 -Puede que ya sienta algo por alguien -musita tan bajo que casi no puedo entenderle-. Volvamos ya; se está haciendo de noche.
  Nos levantamos del banco y cuando estamos a unos metros me giro para ver a lo lejos el corazón que he ido dibujando con el pie en la tierra mientras hablábamos.

domingo, 6 de mayo de 2012

#1: ¿Cafeína o amor?

 Es una caca esto de la cafeína, ¿eh?
 La tomas todos los dias, a la hora que sea, y donde sea, pero la tomas. Y te sientes bien.
 El primer día notas los efectos: estás más activa, más alegre y ves el mundo de otra forma, como si todo fuera mucho más fácil.
 Los siguientes dias la sigues tomando. Sigues notando los efectos, pero esta vez vas notando como cada vez necesitas añadir más cafeína, como si de alguna manera fuera necesaria, no tanto como una droga, pero sí un empujoncito para poder afrontar el resto del día con las ganas que se merece.
 Pero luego llega "ese" día. Sí, ese día en el que no has podido tomarte el café de por la mañana. Y encima no has dormido bien, así que pasas el día intentando mantener los ojos abiertos, ya sea sujetándolos con palillos o pegándotelos con Loctite.
 Aunque puede que sea el mejor día de la historia, tú no estás ni para verlo pasar. Estás fatal. Lo único que haces es pensar en que quieres que se acabe el día o en buscar refugio en una Coca-Cola.

 Esto se puede aplicar al amor.
 El primer día notas los efectos: eres otra persona, más alegre y mucho más positiva, pero ni de lejos piensas que se va a convertir en una droga, que si te falta, no pasa nada, siempre podrás pasar sin él.
 Los siguientes dias sigues notando los efectos, pero descubres que quieres más, que no solo basta con un poquito, no tanto como la droga (bueno, vale, sí, como la peor de las drogas), pero es como una pequeña alegría.
 Y luego está "ese" día. El día en que ¡ups!, no hay amor. Es como lo de la falta de cafeína, eres una copia mala y cansada de tí misma. Eres un ente con ojos y pelo que se mueve de acá para allá sin hacer que la gente note tu presencia. Después deseas llegar a tu casa para que acabe ya el día o refugiarte en una tarrina de helado de chocolate.

 ¿Cómo sabes cuándo es la cafeína y cuándo es el amor?
 Pues, al menos en mi caso, acabo con una tarrina de Häagen-Dazs en la mano.

Capítulo 5: Mace

  La he reconocido en cuanto la he visto. Ahora tiene el pelo largo y castaño claro, ligeramente ondulado, y lo llevaba recogido en una coleta alta un tanto despeinada. Llevaba unos vaqueros cortos y una camiseta ancha de tirantes. No la recordaba tan guapa, porque realmente lo es. Es guapísima, y, todo he de decirlo, está bastante buena. Pero la he reconocido por los ojos. No han cambiado. Son capaces de llenar una habitación con solo levantar la mirada.
  Cuando la he visto hablar con ese hombre creyendo que era yo, he visto algo que nunca había visto en ninguna otra chica: una timidez graciosa en cierto modo.
  El viaje hasta su casa ha sido realmente divertido. A pesar de que yo iba mirando hacia delante y no la veía directamente, podía notar que me miraba de reojo. Era cómico. En un momento determinado, mientras estaba muy concentrada conduciendo la he mirado durante unos segundos, pocos, pero me han bastado para analizar sus rasgos: ojos azules y grises bordeados por una masa de pestañas, una nariz que tiene una curvatura perfecta, unas mejillas salpicadas por pecas y unos labios que hacen que no puedas dejar de mirarlos.
  ¿Pero qué demonios me pasa? No, Mace, ¡no!
  No puedes hacer nada con ella. Vas a pasar el verano aquí, y no puedes utilizarla.
  

  Me levanto de la cama tras la descansar un rato de forma lenta. Me pongo unos vaqueros pero veo innecesario hacer uso de la camiseta, así que me arrastro a pecho descubierto hasta su habitación y llamo a la puerta. Nada. Vuelvo a llamar. Nada. 
  Bajo corriendo las escaleras de la casa hasta la cocina. Cojo un vaso y lo lleno de agua. 
  Veo una nota en la encimera.
Vuelvo en 10 minutos. Brooklyn.
  Al final hay dos puntos y un cierre de paréntesis simulando una carita feliz. Esto me arranca una sonrisa.
  A los pocos minutos oigo golpes en la entrada. Miro desde la ventana de la cocina y veo a Brook aproximándose con dos bolsas enormes de papel en brazos. Observo divertido cómo utiliza su rodilla de apoyo para las bolsas mientras busca las llaves en su bolso. Unos tres minutos después, consigue sacar las llaves y se dispone a abrir.
  Abre la puerta y la cierra con la pierna. Yo la observo inmóvil desde la esquina de la cocina, apoyado en la encimera, pasa a través del arco hacia la cocina y deja las bolsas en la isla central, al lado de un bol lleno de frutas. Coge un cartón de huevos y los saca con cuidado cuando me dispongo a saludarla.
 -Hola -digo con una sonrisa de oreja a oreja.  
  Esto le provoca un grito acompañado del lanzamiento por los aires de los huevos, que aparecen estrellados contra el suelo a los pocos segundos.
 -Lo siento, no pretendía asustarte -la digo con cara de culpabilidad.
 -No pasa nada -resopla mientras se coloca el pelo y se agacha a recoger los restos de huevos.
  Me agacho a su lado y empiezo a ayudarla mientras le hago preguntas sin sentido.
 -Veo que has ido a comprar. 
  Me mira confundida mientras se pone de pie.
 -Sí, supongo que por eso llevo bolsas llenas de comida. 
  Me río como si hubiera sido el mejor chiste que he escuchado. Frunce el ceño y se dirige hacia la basura para tirar los restos. Me callo en el acto.
  Cuando se gira, se para de golpe y me mira de arriba a abajo con los ojos muy abiertos. Luego se pone roja, y se dirige cabizbaja y con una media sonrisa hacia la nevera. 
 -No llevas camiseta... -dice volviendo hasta mi posición para seguir guardando la compra.
 -Oh, ya, bueno... Es que tenía calor y... Si te molesta me vuelvo a poner la camiseta -digo haciendo un amago de subir a mi habitación.
 -¡No! -exclama en un tono parecido a la súplica-. Así está muy bien -dice mientras me mira, pero al ver mi expresión estupefacta se vuelve a poner roja mientras mira al suelo con una risita nerviosa.
  La miro con una expresión confundida.
 -Quiero decir que, bueno, si estás cómodo así no hace falta que te pongas más ropa, a mí no me molesta.
  Suelto una carcajada y la ayudo a terminar de guardar la compra.


 -¿Tienes pensado trabajar en algo este verano? -pregunto mientras ella da un sorbo a su refresco por la pajita de color amarillo.
 -Sí. Creo que voy a trabajar en una heladería estos meses, para poder comprarme el coche.
 -¿Y tu novio no te lleva? -pregunto mientras rezo para que no se note la intención de esa pregunta.
  Me mira fijamente durante unos segundos. Puedo ver un atisbo de diversión en sus ojos. Niega mientras mira para abajo y me vuelve a mirar con los ojos muy abiertos.
 -No, no tengo novio -dice mientras se rie. 
  Noto como poco a poco me voy poniendo rojo y opto por dar un largo trago al vaso de agua.
  Mientras estamos en el porche, el viento mueve continuamente el pelo de Brook, mientras ella lucha para que no se le descoloque. Finalmente opta por hacerse una coleta. 
  Lo que daría por tocar su pelo...
  Doy gracias por no haber dicho esa frase en voz alta, ya que habría quedado como un auténtico rarito.
  Al rato pasa una pareja joven de la mano. Justo cuando pasan por enfrente de nosotros, el chico se gira para darle un apasionado beso a la chica. Esto hace que Brooklyn suspire y vuelva a su refresco.
 -¿Y tú? -me pregunta.
 -¿Yo qué?
 -¿Novias? ¿Cuántas tienes? 
  La pregunta me pilla desprevenido y no hago otra cosa que reírme de forma nerviosa.
 -No tengo.
  Ella suelta un bufido dando a entender que no se lo ha creído.
 -¿Qué pasa? -pregunto girándome.
 -Pareces de esos.
 -¿De esos? -digo completamente confundido.
  Ella rie de forma sonora.
 -Parece que eres de esos que tiene una novia para cada día de la semana. No te ofendas.
 -¿Y en qué te basas? -pregunto interesado.
 -Tu forma de actuar, de hablar, tu pose...
  Vale, he de reconocer que me ha calado.
 -¿Cómo es mi pose exactamente? -pregunto.
  Ella se levanta y se coloca con los brazos cruzados a la altura del pecho y un pie apoyado en la pared con aire despreocupado. Después, hace una mueca en la que tuerce la boca hacia un lado y eleva una ceja.
  Esto me hace reír.
 -Esa es mi pose especial -digo mientras se sienta de nuevo.
 -¿Especial?
 -Sí. Solo la utilizo cuando las ocasiones lo requieren. Si la chica que está delante es muy guapa.
  Ella baja la cabeza y después la levanta para mirarme con una cara que, en otra ocasión, me hubiera atrevido a decir que era de coqueteo.
 -Cuando he llegado a la cocina y estabas, tenías esa pose -las ultimas palabras las dice de una forma lenta y casi inaudible, convirtiéndolo en un susurro mientras juega con el borde del vaso.
  Empiezo a notar que me quedan pequeños los pantalones.
  Bajo la vista, rezando por que no se me note. Ella sigue mi mirada y se ríe.
 -Voy a por más -dice moviendo horizontalmente el vaso, haciendo que los hielos choquen contra el cristal-. ¿Quieres algo?
 -No, gracias -contesto sonriendo.


 -Un día podrías llevarme a sitios bonitos de Londres, ¿no?
 -Eso cuenta como visita guiada, así que debería cobrártelo -dice sonriendo.
 -En vez de una visita guiada, tómatelo como una chica que lleva a sitios bonitos a un chico.
 -Eso solo lo he hecho en citas -dice entrecerrando los ojos.
 -Entonces tómatelo como una cita.
 -No, solo tengo citas con chicos que me parecen guapos -dice guiñándome un ojo.
 -¿Me estás rechazando? -pregunto de forma exagerada, mientras me llevo la mano al pecho, fingiendo sorpresa.
 -Tómatelo como una visita guiada -me contesta sonriendo.
 -No, solo hago visitas guiadas con chicas que me parecen guapas -contesto con el mismo tono. 
  Ella rie de la forma que tanto me gusta y me da un puñetazo amistoso en el hombro.
 -Antes me has dicho que parezco "uno de esos chicos" que tienen muchas novias, o que ligan mucho -ella asiente en señal de que continúe-. Puede que antes lo haya sido, pero te puedo asegurar que ahora mismo no lo soy.
 -Si pretendes que tenga una cita contigo vas a necesitar algo más que eso -dice mientras se acerca a mi cara.
  Me levanto y le hago la pose que ella había intentado imitar. Acto seguido hago la mueca.
 -¿Te vale? 
 -Pero elijo yo el restaurante -dice mientras se levanta riéndose y se vuelve a meter en casa.