Tengo un dolor de cabeza terrible. No sé si por Vivianne o por aguantarla. He de averiguarlo cuanto antes.
Hoy tengo que ir a recoger a Mace. ¿De qué nombre será Mace? A mi me llaman Brook de Brooklyn. Muchos hacen la típica broma de Brook, de Brooklyn de Brooklyn, ya que nací en Estados Unidos. Como iba diciendo, ¿de qué nombre vendrá Mace? Lo he buscado en Google y el primer resultado que me aparece es que es una población francesa, el segundo es que Mace es un personaje de La Guerra de las Galaxias y el tercero es «macedonia». Este último es muy curioso. A partir de ahora será Mace de Macedonia.
Son las diez y tres de la mañana y me sorprende bastante que piense tanto.
Según mi madre tengo que ir a recoger a Macedonia a las doce y media al aeropuerto ya que ella tiene que ir a Richmond por temas de la editorial -mi madre es editora de revistas-. Me ha dejado las llaves del coche en la mesita de la entrada.
Llego al aeropuerto a las doce y cinco y tardo quince minutos en encontrar aparcamiento. Dejo el Mini gris de mi madre en la plaza E-136. Ella me ha descrito a Macedonia -ella le vio hace unos meses, cuando fue a Manchester a visitar a su amiga-: pelo color jengibre un poco largo, ojos muy oscuros, casi negros y muy alto. También añadió un «Te gustará» seguido de un guiño.
Tardo algo así como diez minutos en encontrar la terminal correcta y otros diez en llegar al sitio correcto.
Cuando llego veo a un chico rubio, alto, con el pelo demasiado largo para mi gusto, rozándole los hombros, apoyado en una columna con una maleta al lado mientras lee el periódico.
OH-DIOS-MIO.
-¡Hola! -digo lo más sonriente que puedo, intentando disimular la vergüenza.
-Eh... hola -dice él.
-Te imaginaba de otra forma, la verdad, ya sabes, más... niño. No sé, esperaba que fueras más pequeño, pero vamos que está bien -río con nerviosismo. Cojo su maleta-. El coche no está muy lejos y siento llegar tarde. Es que me he hecho un lío, en fin, soy nueva en esto de conducir.
Creo que apenas se notará, pero soy incapaz de mantenerme callada cuando estoy con un chico guapo. Es algo incómodo, ya que la mayoría de las cosas que digo son estupideces.
-Por cierto, soy Brook -digo extendiendo la mano-. Encantada, Mace.
-Eh... Creo que te estás equivocando -dice el chico, con una expresión entre la diversión y la confusión-. Yo no soy Mace. Estoy esperando a mi pareja. Pero gracias -dice riéndose.
A los dos segundos llega otro chico y le da un beso en los labios.
-Hola, cariño. Te he echado de menos -dice el buenorro del periódico antes de irse-. Adiós, Brook -se despide de mí antes de desaparecer.
Me quedo en el sitio, incapaz de pensar. Tras un par de segundos, proceso la información de lo ocurrido y me echo a reír.
Al poco tiempo, llega un chico más bajito que el buenorro del periódico, pero más alto que yo. Tiene el pelo de un color que es mezcla de pelirrojo y rubio, extrañamente bonito, un poquito largo y revuelto. Los ojos muy oscuros. Cuando está mas cerca me doy cuenta de que tiene pecas, le quedan realmente bien.
-Hola -dice sonriente-. Eres Brook, ¿no?
Antes he dicho que cuando hablo con un chico guapo soy incapaz de callarme. Ahora es lo contrario: soy incapaz de articular palabra. Tardo cierto tiempo en darme cuenta de que tiene la mano extendida, esperando a que corresponda ese gesto. Consigo reaccionar y sacudo la cabeza.
-Hola -digo por fin-. Sí, soy Brook, de Brooklyn -le estrecho la mano.
Se ríe.
-Yo Mace, de Manchester.
Vuelve a reirse y yo tardo cierto tiempo en coger la broma. Digamos que estoy muy ocupada intentando no resbalarme con mi propia baba.
-No, pero es Brook, que viene del nombre Brooklyn. Me refería a eso. No es que sea de Brooklyn, que también, pero es que... -decido callarme cuando veo que frunce el ceño con una expresión de diversión que hace que hasta yo me ría-. Antes me he equivocado, he pensado que tu eras otro chico -suelto una risita tonta. ¿Qué me pasa? Parece que nunca haya hablado con un chico.
-Ya, lo he visto, pero he decidido no intervenir para ver como acababa. Me lo estaba pasando en grande.
Le observo embobada un par de segundos, sacudo la cabeza y reavivo la conversación.
-Vamos al aparcamiento, que lo he dejado en el coche.
Me mira con una media sonrisa. ¡Y qué media sonrisa! Vale por seis o siete normales. Me duele decirlo, pero su sonrisa es incluso más bonita que la de Matt.
-Quiero decir que he dejado el coche en el aparcamiento -concluyo de la manera más digna que puedo.
Llegamos a mi casa a los veinte minutos. El viaje ha sido extraño, no hemos hablado mucho; si acaso él ha hecho algún comentario sobre el vuelo o sobre el tiempo, pero en su mayoría nos hemos dedicado a escuchar la radio. Me ha parecido que me miraba mientras conducía, pero creo que ha sido una alucinación.
Subimos a la planta de arriba y le enseño la habitación en la que va a dormir.
Me dice que le gustaría descansar un par de horas, así que me dirijo a mi habitación. Le escribo un mensaje a Matt.
Macedonia ya está en mi casa. ¿Te ha dicho Vivianne algo sobre nuestro día de compras?
¿¿Macedonia?? ¿Y que tal? ¿Es de tu agrado? Me dijo que se lo pasó muy bien. No le pusiste ningún somnífero en el refresco, verdad?
No me acuerdo... Ya te contaré. ¡Un beso, fiera! GRRRR!!
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