La he reconocido en cuanto la he visto. Ahora tiene el pelo largo y castaño claro, ligeramente ondulado, y lo llevaba recogido en una coleta alta un tanto despeinada. Llevaba unos vaqueros cortos y una camiseta ancha de tirantes. No la recordaba tan guapa, porque realmente lo es. Es guapísima, y, todo he de decirlo, está bastante buena. Pero la he reconocido por los ojos. No han cambiado. Son capaces de llenar una habitación con solo levantar la mirada.
Cuando la he visto hablar con ese hombre creyendo que era yo, he visto algo que nunca había visto en ninguna otra chica: una timidez graciosa en cierto modo.
El viaje hasta su casa ha sido realmente divertido. A pesar de que yo iba mirando hacia delante y no la veía directamente, podía notar que me miraba de reojo. Era cómico. En un momento determinado, mientras estaba muy concentrada conduciendo la he mirado durante unos segundos, pocos, pero me han bastado para analizar sus rasgos: ojos azules y grises bordeados por una masa de pestañas, una nariz que tiene una curvatura perfecta, unas mejillas salpicadas por pecas y unos labios que hacen que no puedas dejar de mirarlos.
¿Pero qué demonios me pasa? No, Mace, ¡no!
No puedes hacer nada con ella. Vas a pasar el verano aquí, y no puedes utilizarla.
Me levanto de la cama tras la descansar un rato de forma lenta. Me pongo unos vaqueros pero veo innecesario hacer uso de la camiseta, así que me arrastro a pecho descubierto hasta su habitación y llamo a la puerta. Nada. Vuelvo a llamar. Nada.
Bajo corriendo las escaleras de la casa hasta la cocina. Cojo un vaso y lo lleno de agua.
Veo una nota en la encimera.
Vuelvo en 10 minutos. Brooklyn.
Al final hay dos puntos y un cierre de paréntesis simulando una carita feliz. Esto me arranca una sonrisa.
A los pocos minutos oigo golpes en la entrada. Miro desde la ventana de la cocina y veo a Brook aproximándose con dos bolsas enormes de papel en brazos. Observo divertido cómo utiliza su rodilla de apoyo para las bolsas mientras busca las llaves en su bolso. Unos tres minutos después, consigue sacar las llaves y se dispone a abrir.
Abre la puerta y la cierra con la pierna. Yo la observo inmóvil desde la esquina de la cocina, apoyado en la encimera, pasa a través del arco hacia la cocina y deja las bolsas en la isla central, al lado de un bol lleno de frutas. Coge un cartón de huevos y los saca con cuidado cuando me dispongo a saludarla.
-Hola -digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Esto le provoca un grito acompañado del lanzamiento por los aires de los huevos, que aparecen estrellados contra el suelo a los pocos segundos.
-Lo siento, no pretendía asustarte -la digo con cara de culpabilidad.
-No pasa nada -resopla mientras se coloca el pelo y se agacha a recoger los restos de huevos.
Me agacho a su lado y empiezo a ayudarla mientras le hago preguntas sin sentido.
-Veo que has ido a comprar.
Me mira confundida mientras se pone de pie.
-Sí, supongo que por eso llevo bolsas llenas de comida.
Me río como si hubiera sido el mejor chiste que he escuchado. Frunce el ceño y se dirige hacia la basura para tirar los restos. Me callo en el acto.
Cuando se gira, se para de golpe y me mira de arriba a abajo con los ojos muy abiertos. Luego se pone roja, y se dirige cabizbaja y con una media sonrisa hacia la nevera.
-No llevas camiseta... -dice volviendo hasta mi posición para seguir guardando la compra.
-Oh, ya, bueno... Es que tenía calor y... Si te molesta me vuelvo a poner la camiseta -digo haciendo un amago de subir a mi habitación.
-¡No! -exclama en un tono parecido a la súplica-. Así está muy bien -dice mientras me mira, pero al ver mi expresión estupefacta se vuelve a poner roja mientras mira al suelo con una risita nerviosa.
La miro con una expresión confundida.
-Quiero decir que, bueno, si estás cómodo así no hace falta que te pongas más ropa, a mí no me molesta.
Suelto una carcajada y la ayudo a terminar de guardar la compra.
-¿Tienes pensado trabajar en algo este verano? -pregunto mientras ella da un sorbo a su refresco por la pajita de color amarillo.
-Sí. Creo que voy a trabajar en una heladería estos meses, para poder comprarme el coche.
-¿Y tu novio no te lleva? -pregunto mientras rezo para que no se note la intención de esa pregunta.
Me mira fijamente durante unos segundos. Puedo ver un atisbo de diversión en sus ojos. Niega mientras mira para abajo y me vuelve a mirar con los ojos muy abiertos.
-No, no tengo novio -dice mientras se rie.
Noto como poco a poco me voy poniendo rojo y opto por dar un largo trago al vaso de agua.
Mientras estamos en el porche, el viento mueve continuamente el pelo de Brook, mientras ella lucha para que no se le descoloque. Finalmente opta por hacerse una coleta.
Lo que daría por tocar su pelo...
Doy gracias por no haber dicho esa frase en voz alta, ya que habría quedado como un auténtico rarito.
Al rato pasa una pareja joven de la mano. Justo cuando pasan por enfrente de nosotros, el chico se gira para darle un apasionado beso a la chica. Esto hace que Brooklyn suspire y vuelva a su refresco.
-¿Y tú? -me pregunta.
-¿Yo qué?
-¿Novias? ¿Cuántas tienes?
La pregunta me pilla desprevenido y no hago otra cosa que reírme de forma nerviosa.
-No tengo.
Ella suelta un bufido dando a entender que no se lo ha creído.
-¿Qué pasa? -pregunto girándome.
-Pareces de esos.
-¿De esos? -digo completamente confundido.
Ella rie de forma sonora.
-Parece que eres de esos que tiene una novia para cada día de la semana. No te ofendas.
-¿Y en qué te basas? -pregunto interesado.
-Tu forma de actuar, de hablar, tu pose...
Vale, he de reconocer que me ha calado.
-¿Cómo es mi pose exactamente? -pregunto.
Ella se levanta y se coloca con los brazos cruzados a la altura del pecho y un pie apoyado en la pared con aire despreocupado. Después, hace una mueca en la que tuerce la boca hacia un lado y eleva una ceja.
Esto me hace reír.
-Esa es mi pose especial -digo mientras se sienta de nuevo.
-¿Especial?
-Sí. Solo la utilizo cuando las ocasiones lo requieren. Si la chica que está delante es muy guapa.
Ella baja la cabeza y después la levanta para mirarme con una cara que, en otra ocasión, me hubiera atrevido a decir que era de coqueteo.
-Cuando he llegado a la cocina y estabas, tenías esa pose -las ultimas palabras las dice de una forma lenta y casi inaudible, convirtiéndolo en un susurro mientras juega con el borde del vaso.
Empiezo a notar que me quedan pequeños los pantalones.
Bajo la vista, rezando por que no se me note. Ella sigue mi mirada y se ríe.
-Voy a por más -dice moviendo horizontalmente el vaso, haciendo que los hielos choquen contra el cristal-. ¿Quieres algo?
-No, gracias -contesto sonriendo.
-Un día podrías llevarme a sitios bonitos de Londres, ¿no?
-Eso cuenta como visita guiada, así que debería cobrártelo -dice sonriendo.
-En vez de una visita guiada, tómatelo como una chica que lleva a sitios bonitos a un chico.
-Eso solo lo he hecho en citas -dice entrecerrando los ojos.
-Entonces tómatelo como una cita.
-No, solo tengo citas con chicos que me parecen guapos -dice guiñándome un ojo.
-¿Me estás rechazando? -pregunto de forma exagerada, mientras me llevo la mano al pecho, fingiendo sorpresa.
-Tómatelo como una visita guiada -me contesta sonriendo.
-No, solo hago visitas guiadas con chicas que me parecen guapas -contesto con el mismo tono.
Ella rie de la forma que tanto me gusta y me da un puñetazo amistoso en el hombro.
-Antes me has dicho que parezco "uno de esos chicos" que tienen muchas novias, o que ligan mucho -ella asiente en señal de que continúe-. Puede que antes lo haya sido, pero te puedo asegurar que ahora mismo no lo soy.
-Si pretendes que tenga una cita contigo vas a necesitar algo más que eso -dice mientras se acerca a mi cara.
Me levanto y le hago la pose que ella había intentado imitar. Acto seguido hago la mueca.
-¿Te vale?
-Pero elijo yo el restaurante -dice mientras se levanta riéndose y se vuelve a meter en casa.
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