El móvil vibra en mi pantalón. Mierda. Está en la silla.
Quito el brazo de Lea que me rodea el cuello y me levanto lentamente intentando no despertarla. Gime ligeramente y se da la vuelta, dándome la espalda. Salgo de la cama y me pongo los calzoncillos, cojo el móvil y leo: Llamada perdida de Debby a las 16:07.
Cojo mis cosas y le dejo una nota a Lea en la almohada.
He tenido que irme. Mi madre se ha caído por las escaleras y tengo que ir con ella. Nos vemos. Mace.
Me pongo el casco y me subo a la moto. Cuando estoy llegando al parque de San Jorge, la veo, apoyada en una farola. Está escuchando música con el iPod, pero en cuanto me ve aparcando la moto a un par de metros de ella, se quita los auriculares y me sonríe.
-Ya pensaba que no venías; habíamos quedado a menos cuarto -dice mientras se coloca el pelo detrás de la oreja.
-Lo siento -digo con una sonrisa-. Es que mi madre se ha caído por las escaleras y me he tenido que quedar con ella -termino antes de besarla en los labios.
-Me vas a llamar, ¿verdad? -me pregunta mientras se abrocha el sujetador.
-Si, esto... -¿cómo se llamaba? ¡Ah, si!- Debby.
-¿Nos vemos este verano?
-Claro, pero me voy a Londres mañana. Cuando vuelva si quieres te veo.
-Me encantaría -me besa y sonríe.
Salimos de los baños públicos y nos dirigimos hacia la salida del parque, donde dejé la moto. La dejo mi casco y vamos hacía su casa. La dejo en la puerta y me despido de ella con un beso en los labios. Me pongo el casco y voy hacia mi casa.
-¿Has hecho ya las maleta? -pregunta mi madre cuando entro a la cocina.
-No, las haré esta noche.
-Hoy he hablado con Brook. Tiene la voz igual que su madre -dice mi madre sonriendo.
-¿Quién es Brook? -pregunto-. ¿Es el hijo de Ana?
-Oh, no -ríe mi madre-. Es Brooklyn. Es una chica, la hija de Ana. ¿No te acuerdas de ella? Veraneabais juntos en Málaga, cuando erais muy pequeños.
Creo que la recuerdo. Una niña con el pelo rubio, extremadamente rizado, y ojos azules, casi grises. De esos ojos sí que me acuerdo perfectamente; eran preciosos. No era guapa y era muy bajita. Estaba loquita por mí.
-Es mucho más pequeña que yo, ¿verdad? -pregunto.
-Pues creo que no. Creo que ella cumple los diecisiete este verano. Tiene un año menos que tú -dice sonriendo de una forma un tanto extraña.
Subo a mi habitación, pongo la maleta encima de la cama y empiezo a meter cosas. Suena el teléfono de la casa.
-¡Lo cojo yo! -grito desde mi habitación.
-¿Sí? -digo con el teléfono entre el hombro y la oreja mientras doblo una camiseta.
-¡Serás capullo! -la voz de Sam suena al otro lado del teléfono-. ¿Ahora me coges el teléfono? ¿Qué andabas haciendo antes?
-En dos palabras. Lea y Debby.
-¿Con las dos? ¿Pero Lea no es la animadora que está saliendo con Ryan?
-Sip y sip.
-¡Qué máquina! Oye, ¿cuándo te vas?
-Mañana por la mañana. ¿Qué haces?
-Pues estamos Tom, Ian, Mark y yo en el Happy Seasons, ¿por qué no te vienes?
Aparco la moto a pocos metros de la puerta y mientras me quito el casco veo a una chica mirándome, pero cuando la aguanto la mirada se gira. Está con otras cuatro chicas. Vuelve a mirarme, sonríe y sigue hablando con sus amigas.
-¿Qué vais a hacer este verano? -pregunta Mark.
-Yo me voy a casa de mis tíos, en Liverpool, hasta mediados de agosto -Ian da un trago a su cerveza y continúa-. Luego me quedaré aquí hasta septiembre.
-Yo me quedo en Manchester -resopla Sam.
-Yo me voy a Boston con mis padres y luego a California en agosto -dice sonriente Tom-. ¿Y tú, Mace?
-Me voy a Londres, a casa de una amiga de mi madre -digo con mala cara.
-Pero, ¿conoces a alguien?
-No. Mi madre me ha dicho que su amiga tiene una hija de mi edad, pero no sé.
-¿Que no sabes qué? -pregunta asombrado Ian-. ¿Quién eres y qué has hecho con el Mace que yo conozco? ¿Desde cuando estar con una chica durante tres meses supone un problema para ti?
Todos ríen.
-Pídela que te enseñe la ciudad, y luego tu la enseñas a ella otras cosas -sugiere Mark. Todos ríen y vitorean.
-Sí, pero es que hace muchísimo que no la veo, ni siquiera sé como será ahora. Solo sé que era rubia cuando tenía 6 años.
-Pues imagínate que es Gisele Bündchen -dice Ian.
-Sois todos iguales -declara Tom-. No veis que en las chicas hay mas cosas aparte de la cara y las tetas. Hay personalidad, inteligencia...
-Sí, Tom, tienes razón... ¡También hay culo! -dice Sam antes de chocar la mano con Ian riendo.
En ese momento entran las chicas que había visto en el aparcamiento. La que me miraba antes me vuelve a mirar y me sonríe. Mis amigos siguen mi mirada y miran al grupo de chicas. En ese momento la chica que me sonríe les dice algo a sus amigas y ellas miran hacía nosotros.
-Me pido a la de blanco -declara Sam.
-¿Pero cómo hablamos con ellas? -pregunta Mark.
-Olvidas que tenemos a un Romeo en el grupo -dice orgulloso Ian.
Sonrío y me levanto. Me dirijo hacia la mesa en la que están las chicas.
-Buenas tardes, señoritas. ¿Qué desean tomar? -les pregunto sonriente.
-Tú no eres camarero -dice una de pelo corto y castaño.
-Exacto, no lo soy. Pero, veréis, es que he hecho una apuesta con aquellos chicos de allí -digo mientras señalo a la mesa en la que mis amigos están mirando hacia mi con los ojos muy abiertos, y en cuanto ven que les miran, se giran de golpe- en la que si no conseguía vuestros teléfonos, tendría que hacer de camarero e invitaros a lo que quisierais.
-No nos has pedido los teléfonos -dice «la mía» sonriendo.
-Ya, he dado por supuesto que no me daríais el número, así que he decidido conservar la poca dignidad que me queda.
Consigo arrancarles una sonrisa a todas.
-Diles a tus amigos, que no podremos darles nuestros teléfonos por señas. Sería mejor que vinieran -dice «la de blanco» mientras mira sonriente a Sam.
Les hago una señal a los chicos para que vengan y me siento al lado de la chica que me sonreía en el aparcamiento.
-Me llamo Kat -dice tendiéndome la mano.
-Yo Mace -digo antes de darle un sutil beso en los labios.
Le pilla tan de sorpresa que mantiene los ojos abiertos. Cuando me aparto, suspira y dice:
-Encantada.
Salimos del restaurante a las pocas horas y nos despedimos de las chicas. Me pongo el casco y me dirijo hacia mi casa. Durante el camino, aunque suene extraño, no logro sacarme a Brook de la cabeza. Y tiene que sonar extraño porque hace casi once años que no la veo. Barajo todas las posibilidades de cómo será ahora en mi cabeza. Me reconforta pensar que puede que sea guapa y me alegre la vista durante el verano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario