Me despierto con la vibración del móvil en el bolsillo del pantalón. Un mensaje. Estoy tan dormida aun que soy incapaz de abrir los ojos lo suficiente como para ver de quién es.
Me levanto del sofá con un dolor increíble de cuello y arrastrando los pies con pesadez hacia la el baño. Seguro, que si alguien me viera, pensaría que soy algo parecido a un zombi.
Voy al baño a lavarme la cara y después me dirijo a la cocina a por algo de comer. Mi madre está en la mesa con una taza de café en la mano mientras lee el periódico.
-Hola, mamá -digo mientras me acerco y la doy un beso en la mejilla.
-Hola, cielo. Hay café en la encimera y tortitas al lado del microondas -dice, para después seguir leyendo el periódico.
Voy hasta la cafetera y me sirvo una taza de café. Caliento un poco las tortitas y vuelvo a la mesa.
-¿Cómo es que te has levantado tan pronto? Pensé que querrías dormir hasta más tarde al ser tu primer día de vacaciones.
-¿Qué hora es? -digo mientras saco el móvil.
-Las ocho y dieciséis -contesta mi madre antes de que pueda mirar la hora.
Miro el mensaje que tenía pendiente.
Buens días, pequeña saltamontes (: Solo importunaba tus sueños para recordarte que hoy ibas a quedar con Vivi. Que conste que no te quiero presionar. ¿Nos vems la semana que viene? ¡Un beso!
¿Matt? La madre que le...
-Cariño, ¿tienes pensado hacer algo hoy? -pregunta mi madre interrumpiendo mis pensamientos.
-Eh -tardo unos segundos en contestar-, sí. Voy a ir de compras con Vivianne.
Vaya, nunca pensé que diría eso. Es como decir que vas a ir al cine con un moco como acompañante.
-¿Con Vivianne? -dice mi madre absolutamente estupefacta-. ¿La novia de Matt? ¿Desde cuándo te llevas bien con ella?
Me da un ataque de risa interno.
-Oh, eso no ha cambiado -respondo antes de dar un sorbo a mi café-. Lo hago por Matt. Quiere que su novia y su mejor amiga se lleven bien -¡já! Que iluso...
Mi madre se ríe y se levanta para dejar su taza y su plato en la pila.
-Yo tengo que ir a casa de Amelia un rato para ver a su bebé. Salgo ya porque tardaré un par de horas en llegar. Volveré antes de cenar -comenta mientras los limpia.
-Yo espero estar aquí antes de volverme loca.
-Si ya lo estás -dice antes de darme un beso en la mejilla-. Subo a ducharme.
Decido contestar a Matt su mensaje.
No me lo recuerdes, ¿quieres? Y chúpate un pie.
La respuesta me llega antes de que pueda subir a mi habitación.
Aunque no te lo creas, lo estoy haciendo (: Manda un mensaje a Vivi.
¿Le mando una cesta de venenos variados con el mensaje?
Creo que es más de Coca-Cola (: ¡Eres la mejor!
Subo a mi habitación y le mando un mensaje a Vivianne diciéndole que quedamos en el centro comercial Selfridges a las once.
Bajo al salón y me tumbo en el sofá con los pies en el respaldo y la cabeza colgando. Es duro esto de tener veinticuatro horas al día para no hacer nada.
Mi madre baja al rato lista para irse, se acerca a mi, me da un beso en la coronilla y se va a casa de Amelia, una compañera suya de trabajo.
Me pongo a ver la tele boca abajo hasta que suena el teléfono. Me levanto y noto como toda la sangre está en la cabeza. Empiezo a ver borroso y me choco contra la pared justo cuando voy a descolgar.
En vez de decir el típico «hola», contesto al teléfono con un «joder» digno de una auténtica señorita.
-¿Ana? -dice la voz al otro lado del teléfono.
-No, Ana es mi madre. Yo soy Brooklyn. ¿Quién es?
-Oh, si. Tienes la voz igual que tu madre -«la voz» se ríe y luego continua-. ¿No me reconoces?
Mierda. Este sí que es un momento incómodo. Seguro que debería acordarme de esta mujer, pero no poseo la habilidad de, con escuchar una voz, acordarme de quién es y de algún dato biográfico que deba destacar como: Brooklyn Rikes, le encanta el helado de melocotón y es alergica a los caballos. De pequeña se metió en una maleta porque decía que quería conocer mundo.
-Pues no -digo intentando poner una voz dulce.
-Soy Abbie, la madre de Mace. Llamaba para decir que al final va el jueves. ¿Supone algún problema? Es que nos han adelantado el viaje a mi marido y a mi.
-Oh, supongo que no, pero en cuanto venga mi madre se lo digo.
-Vale cielo. Ya verás que bien te cae Mace. Es un encanto. Bueno, me tengo que ir a trabajar. Cuídate, cariño.
-Sí. Encantada. Hasta luego.
Miro el calendario. Estamos a martes. El fin se acerca...
Llego puntual a mi cita con Vivi, aunque (¡cómo no!) ella llega cuarenta y cinco minutos tarde.
-¡Boobo! -dice Vivianne mientras se acerca a darme un abrazo.
-Hola.
-Siento haber llegado tarde, pero es que estar así de guapa, lleva su tiempo -sonrío.
-Una bolsa en la cabeza y acabas antes -digo en un susurro.
-¿Has dicho algo? -pregunta confundida.
-Oh, no. Que me gustan tus pendientes -contesto con una sonrisa similar a la del muñeco diabólico.
Aguanto a Vivi mientras va de tienda en tienda y habla de ella misma. Me gusta, es más, me encanta ir de compras. Pero a -recalco- comprar, no a dar vueltas sin sentido por un centro comercial.
Que conste que hago esto por Matt.
Me entretengo haciendo listas mentales sobre el día de compras de Vivianne.
Prendas probadas: 31
Prendas compradas: 2
Zapatos probados: 8
Zapatos comprados: 8
Entramos en una tienda de lencería. ¿Por qué a mí? Soy buena, voy a misa todos los domingos y hago mi cama todas las mañanas. ¿Por qué yo?
Se mete en el probador con 9 conjuntos de ropa interior. Yo le espero enfrente apoyada en la pared jugando con el móvil. Tengo que aplastar el máximo número de hormigas en 15 segundos. ¡Cómo enganchan estos juegos!
Vivianne me llama para que vaya a darla el visto bueno.
Casi me sangran los ojos.
Lleva un conjunto de sujetador y tanga de leopardo rosa con encaje negro.
-¿Qué tal estoy? -pregunta
-No es muy... ¿llamativo?
-Es en homenaje a Matt... Es una fiera -dice mientras hace un gesto con la mano emulando el gruñido de un tigre.
No la maté allí mismo porque habría habido muchos testigos.
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