Brooklyn sale cinco minutos más tarde de la heladería. La espero en el mismo lugar de siempre, con la misma pose de siempre. Me saluda sonriente desde la otra acera y se acerca hasta donde estoy. Me da un cariñoso beso en la mejilla y yo le cojo la mochila.
-¿Qué tal el día? -pregunto mientras me echo el pelo hacia atrás.
-Bien, pero Nicole se va la semana que viene unos días, y más me vale que si viene alguien nuevo, sea agradable, porque estar ahí vendiendo helados es mortalmente aburrido.
-¿No ha venido nadie interesado en el puesto?
-¡Qué va! -contesta elevando los brazos-. Aún no han colgado lo de «se necesita personal». He salido más tarde porque me acabo de enterar.
-¿Por eso has hecho que este caramelito se derrita de calor aquí afuera?
-Oh, vamos. Sabes perfectamente que sólo te derrites cuando estoy a tu lado -dice sonriendo de lado.
Le revuelvo el pelo y ella suelta un gruñido, sacándome una sonrisa.
-¿Has conseguido hablar con Matt? -le pregunto.
-Em, sí, sí. Ha venido hoy a la heladería y hemos estado hablando un rato -me mira fugazmente y traga saliva.
-¿Y todo bien?
-Sí, sí. Genial -dice sonriendo, pero de una forma un tanto extraña.
Decido que a lo mejor no quiere hablar del tema y cambio de conversación rápidamente.
-¿Cuándo piensas llevarme al London Eye? Porque si he pagado una visita turística por Londres, es para ver todo.
-¡Já! -dice echando la cabeza ligeramente hacia atrás-. A mí no me has pagado. Y si se supone que me tienes que pagar, lo estoy esperando.
-Entonces espera sentada -digo dándole una palmada en el hombro.
-Pues te quedas sin visitar el London Eye.
-Pues te quedas sin esto -digo haciendo un gesto general que abarca todo mi cuerpo.
-Pues te quedas sin Miss Culito Perfecto -dice aguantándome la mirada, desafiante.
-... ¿Y cuánto dices que cobras por visita? -pregunto sacando mi cartera del bolsillo de atrás del pantalón.
Se supone que cuando algo te gusta mucho, quieres compartirlo, pero no dejándoselo a los demás, no vaya a ser que lo rompan o lo dañen, sino hablando de ello y dándolo a conocer. Tampoco quieres que nadie lo posea, porque el sentimiento que nos recorre al tener algo bonito, algo que nos gusta, pero que sólo tenemos nosotros, es increíble. Hay veces en las que ni siquiera hablas de ello; no quieres dar el lujo a los demás de darles a conocer algo tan maravilloso y tan tuyo. Es como cuando ves una película por casualidad. Estás cambiando de canal y de repente ¡zas!, aparece una película de la que nunca habías oído hablar. No sabías ni que existía. Pero ahí estás. Embelesado con la película. Te encanta. Al día siguiente preguntas a tus amigos que si vieron la película de no-se-qué canal. Y ellos te dicen que no y te preguntan por el título. Tú dices que no te acuerdas. Pero, ¿cómo no te vas a acordar si es la mejor película que has visto en tu vida? Tampoco sabes por qué no lo dices, total, es una simple película. Seguro que millones de personas ya la han visto. Pero el mero hecho de que nadie de tu entorno lo haya hecho te hace sentir que eres parte de ello, que es tu pequeño tesoro. Esa sensación es fantástica. El saber que hay algo que es tu secreto, tuyo y de nadie más. Con pocas cosas puedes sentir eso. Ahora todo se sabe a los pocos segundos de haber pasado y nada es un secreto. Pero en este caso sí.
Es raro, pero algo muy parecido me pasa con Brooklyn. Es estupenda, maravillosa, increíble, única, extraordinaria, magnífica, fascinante, y podría seguir así el tiempo que quisiera, pero el caso es que es mi pequeño secreto. Mi tesoro -como diría Golum-. Puede que también haya sido el pequeño secreto de muchos, o quizá de nadie, pero ahora es el mio. Y eso me hace sentir especial, algo que nunca antes había sentido.
Me gusta de veras. Más que cualquier otra chica que haya conocido o que pueda llegar a conocer, pero no sé como demostrárselo o como saber si ella siente tanto por mí.
Me doy cuenta de que mientras estoy ensimismado en mis pensamientos, estoy mirando a Brook fijamente. Ella me toca el hombro con un dedo, como un niño que toca un insecto muerto con un palo. Sacudo la cabeza varias veces y vuelvo en sí.
-¿Estás bien? -me pregunta al otro lado de la mesa.
-Sí, sí. Estaba pensando -digo recolocándome en el asiento.
-¿Y en qué pensabas?
-En por qué los Teletubbies tenían una aspiradora mágica y yo no.
-Quizás no te la merecías -dice antes de dar un sorbo a su vaso de agua.
-Oh, vamos. Si yo de pequeño era un encanto.
Me mira entornando los ojos y abre la boca para decir algo, pero luego la vuelve a cerrar para reírse y negar con la cabeza
-¿Qué pasa? -enarco una ceja para aportar un poco de dramatismo.
-No eras un encanto -declara haciendo aspavientos con las manos-. Y lo sabes -termina mirándome mientras sonríe.
-¡Lo era! Y ahora más -exclamo de forma triunfal.
-Pero si intentabas pegarme mocos -dice entrecerrando los ojos y hablando de forma casi inaudible.
-Bueno, esa fue una etapa oscura en mi vida. Prefiero no hablar de ello -susurro cabizbajo.
-Así que lo reconoces, ¿eh? Yo creo que ahí estabas enamorado de mí y no sabías cómo expresarlo.
La miro con los ojos muy abiertos y emito un ruido que es una carcajada pero que parece de todo menos eso.
-Sip -completa asintiendo, totalmente convencida-. Tú lo sabes -me señala con el dedo índice-. Yo lo sé -se señala a sí misma con el dedo pulgar-. Él lo sabe -señala a un hombre que está a nuestra derecha comiéndose una hamburguesa. En el momento en el que le miramos, muerde el alimento y se dispone a masticarlo. Se gira hacia nosotros con la boca abierta y llena de comida al notar que le observamos. Brook le saluda y él levanta un pulgar lleno de salsa en señal de asentimiento.- ¿Ves? Claramente él lo sabe todo.
Los dos empezamos a reír hasta que las lágrimas acuden a nuestros ojos
-¿Mace?
Me giro y veo a Jin de pie detrás de mí, sonriendo. Esto no puede estar pasando.
-No me lo puedo creer -dice mientras se ríe-. ¡Pensaba que no te iba a ver en meses!
-Ya, ni yo. ¿Qué haces aquí? -digo mientras me levanto y me coloco enfrente de ella.
-Estoy con mis tíos pasando unos días y he venido a cenar con ellos. ¿Y tú qué?
-Yo estoy todo el verano en casa de una amiga de mi madre y he venido con su hija -digo mientras señalo brevemente a Brook, que contempla la escena con la barbilla apoyada sobre las manos cruzadas.
-Me gustaría verte un día de estos -susurra Jin mientras propasa el perímetro de seguridad y juguetea con el cuello de mi camiseta-. El otro día me dejaste con ganas de más -me guiña un ojo y sonríe mordiéndose el labio inferior. Oigo un ruido que proviene de detrás de mí, pero no le presto mucha atención. Me doy cuenta de que estoy muy cerca de ella y doy un paso hacia atrás.
-No creo que pueda, Jin.
-¡Jin! -grita alguien unas mesas más atrás. Ella se gira y pone cara de fastidio.
-Me tengo que ir. Ya tienes mi número. Dime cuándo puedes y nos vemos -me da un beso en la mejilla y se aleja.
Me doy la vuelta pero por un momento creo que me he equivocado de mesa porque no hay nadie más sentado. Brook no está. Estiro un poco el cuello para intentar verla, pero nada. Le pregunto a un camarero.
-Sí. Una chica con unos ojos muy bonitos, ¿verdad? ¡Cómo olvidarse! -dice de forma agradable-. Se ha marchado hace un minuto. Ha pagado la cuenta de esta mesa y se ha ido -sonríe amablemente para luego volver a su trabajo.
Atravieso el restaurante corriendo y salgo a la calle. Miro hacia la derecha y nada. Miro hacia la izquierda y veo una figura caminando a lo lejos. Voy tras ella mientras grito su nombre pero no se gira. Cuando voy a darme por vencido, dudando de que sea Brook, me doy cuenta de que lleva la misma trenza que ella y empiezo a correr hacia ella. La alcanzo y pongo la mano en su hombro, intentando recuperar el aliento. Ella se gira y me doy cuenta de que tiene los ojos empañados y el rastro de un par de lágrimas aún brillando en sus mejillas.
-¿Qué quieres? -me pregunta cruzándose de brazos y sorbiéndose la nariz.
-¿Cómo que qué quiero? Te has ido del restaurante -digo lentamente, con voz suave.
-No quería estar presente si te la tirabas allí mismo.
-¿Qué? -pregunto a la vez que me pregunto a mí mismo si he oído bien.
-Ya sabes, como se había quedado «con ganas de más».
Mierda.
-No, Brook, no es lo que parece.
-Pues dime lo que parece.
-No es nadie, ¿vale? Es una chica que conocí hace tiempo, pero ya está. No hay nada entre ella y yo.
-Y entonces por eso soy solamente la hija de una amiga de tu madre, ¿verdad?
Apoyo las manos en los hombros de Brook, pero ella se revuelve ligeramente, sin creerse del todo mis palabras. Baja la cabeza y clava su mirada en el suelo.
-Brooklyn, yo sólo te quiero a ti, ¿entiendes? No puedo borrar lo que he hecho en el pasado, aunque ahora me arrepienta, pero si pudiera, te aseguro que lo haría -le sujeto la barbilla y la elevo, haciendo que me mire-. Sólo quiero estar contigo.
Una última lágrima cae lentamente hasta llegar a su mejilla, pero llevo mi dedo índice y la quito antes de que siga su trayectoria.
La miro a los ojos y me siento totalmente despreciable por haberla hecho llorar.
-¿Enserio?
-Sí, enserio.
No dice nada más. Me mira y emprendemos en riguroso silencio el camino de vuelta.
A los pocos minutos llegamos a casa de Brooklyn y cada uno se va muy pronto a su habitación. Casi ni hemos hablado desde lo ocurrido en la calle.
Esa noche no sueño con el amor, ni con nada parecido. Sueño que soy un pirata que tiene el mejor de los tesoros. Probablemente incomparable con cualquier tesoro de cualquier cuento. Es el tesoro que cualquier pirata que se precie sueña con tener. ¿El tesoro de Levasseur? ¡Más quisiera él tener el mio! Mataría por tener aunque sea un mapa para encontrarlo. Pero mi tesoro no es un cofre lleno de oro, diamantes, ni lleno de llaves de coches de lujo. No. ¿Alhajas? ¡Já! Mi tesoro tiene los ojos azules y es el unicornio azul de los tesoros.
-¿Qué tal el día? -pregunto mientras me echo el pelo hacia atrás.
-Bien, pero Nicole se va la semana que viene unos días, y más me vale que si viene alguien nuevo, sea agradable, porque estar ahí vendiendo helados es mortalmente aburrido.
-¿No ha venido nadie interesado en el puesto?
-¡Qué va! -contesta elevando los brazos-. Aún no han colgado lo de «se necesita personal». He salido más tarde porque me acabo de enterar.
-¿Por eso has hecho que este caramelito se derrita de calor aquí afuera?
-Oh, vamos. Sabes perfectamente que sólo te derrites cuando estoy a tu lado -dice sonriendo de lado.
Le revuelvo el pelo y ella suelta un gruñido, sacándome una sonrisa.
-¿Has conseguido hablar con Matt? -le pregunto.
-Em, sí, sí. Ha venido hoy a la heladería y hemos estado hablando un rato -me mira fugazmente y traga saliva.
-¿Y todo bien?
-Sí, sí. Genial -dice sonriendo, pero de una forma un tanto extraña.
Decido que a lo mejor no quiere hablar del tema y cambio de conversación rápidamente.
-¿Cuándo piensas llevarme al London Eye? Porque si he pagado una visita turística por Londres, es para ver todo.
-¡Já! -dice echando la cabeza ligeramente hacia atrás-. A mí no me has pagado. Y si se supone que me tienes que pagar, lo estoy esperando.
-Entonces espera sentada -digo dándole una palmada en el hombro.
-Pues te quedas sin visitar el London Eye.
-Pues te quedas sin esto -digo haciendo un gesto general que abarca todo mi cuerpo.
-Pues te quedas sin Miss Culito Perfecto -dice aguantándome la mirada, desafiante.
-... ¿Y cuánto dices que cobras por visita? -pregunto sacando mi cartera del bolsillo de atrás del pantalón.
Se supone que cuando algo te gusta mucho, quieres compartirlo, pero no dejándoselo a los demás, no vaya a ser que lo rompan o lo dañen, sino hablando de ello y dándolo a conocer. Tampoco quieres que nadie lo posea, porque el sentimiento que nos recorre al tener algo bonito, algo que nos gusta, pero que sólo tenemos nosotros, es increíble. Hay veces en las que ni siquiera hablas de ello; no quieres dar el lujo a los demás de darles a conocer algo tan maravilloso y tan tuyo. Es como cuando ves una película por casualidad. Estás cambiando de canal y de repente ¡zas!, aparece una película de la que nunca habías oído hablar. No sabías ni que existía. Pero ahí estás. Embelesado con la película. Te encanta. Al día siguiente preguntas a tus amigos que si vieron la película de no-se-qué canal. Y ellos te dicen que no y te preguntan por el título. Tú dices que no te acuerdas. Pero, ¿cómo no te vas a acordar si es la mejor película que has visto en tu vida? Tampoco sabes por qué no lo dices, total, es una simple película. Seguro que millones de personas ya la han visto. Pero el mero hecho de que nadie de tu entorno lo haya hecho te hace sentir que eres parte de ello, que es tu pequeño tesoro. Esa sensación es fantástica. El saber que hay algo que es tu secreto, tuyo y de nadie más. Con pocas cosas puedes sentir eso. Ahora todo se sabe a los pocos segundos de haber pasado y nada es un secreto. Pero en este caso sí.
Es raro, pero algo muy parecido me pasa con Brooklyn. Es estupenda, maravillosa, increíble, única, extraordinaria, magnífica, fascinante, y podría seguir así el tiempo que quisiera, pero el caso es que es mi pequeño secreto. Mi tesoro -como diría Golum-. Puede que también haya sido el pequeño secreto de muchos, o quizá de nadie, pero ahora es el mio. Y eso me hace sentir especial, algo que nunca antes había sentido.
Me gusta de veras. Más que cualquier otra chica que haya conocido o que pueda llegar a conocer, pero no sé como demostrárselo o como saber si ella siente tanto por mí.
Me doy cuenta de que mientras estoy ensimismado en mis pensamientos, estoy mirando a Brook fijamente. Ella me toca el hombro con un dedo, como un niño que toca un insecto muerto con un palo. Sacudo la cabeza varias veces y vuelvo en sí.
-¿Estás bien? -me pregunta al otro lado de la mesa.
-Sí, sí. Estaba pensando -digo recolocándome en el asiento.
-¿Y en qué pensabas?
-En por qué los Teletubbies tenían una aspiradora mágica y yo no.
-Quizás no te la merecías -dice antes de dar un sorbo a su vaso de agua.
-Oh, vamos. Si yo de pequeño era un encanto.
Me mira entornando los ojos y abre la boca para decir algo, pero luego la vuelve a cerrar para reírse y negar con la cabeza
-¿Qué pasa? -enarco una ceja para aportar un poco de dramatismo.
-No eras un encanto -declara haciendo aspavientos con las manos-. Y lo sabes -termina mirándome mientras sonríe.
-¡Lo era! Y ahora más -exclamo de forma triunfal.
-Pero si intentabas pegarme mocos -dice entrecerrando los ojos y hablando de forma casi inaudible.
-Bueno, esa fue una etapa oscura en mi vida. Prefiero no hablar de ello -susurro cabizbajo.
-Así que lo reconoces, ¿eh? Yo creo que ahí estabas enamorado de mí y no sabías cómo expresarlo.
La miro con los ojos muy abiertos y emito un ruido que es una carcajada pero que parece de todo menos eso.
-Sip -completa asintiendo, totalmente convencida-. Tú lo sabes -me señala con el dedo índice-. Yo lo sé -se señala a sí misma con el dedo pulgar-. Él lo sabe -señala a un hombre que está a nuestra derecha comiéndose una hamburguesa. En el momento en el que le miramos, muerde el alimento y se dispone a masticarlo. Se gira hacia nosotros con la boca abierta y llena de comida al notar que le observamos. Brook le saluda y él levanta un pulgar lleno de salsa en señal de asentimiento.- ¿Ves? Claramente él lo sabe todo.
Los dos empezamos a reír hasta que las lágrimas acuden a nuestros ojos
-¿Mace?
Me giro y veo a Jin de pie detrás de mí, sonriendo. Esto no puede estar pasando.
-No me lo puedo creer -dice mientras se ríe-. ¡Pensaba que no te iba a ver en meses!
-Ya, ni yo. ¿Qué haces aquí? -digo mientras me levanto y me coloco enfrente de ella.
-Estoy con mis tíos pasando unos días y he venido a cenar con ellos. ¿Y tú qué?
-Yo estoy todo el verano en casa de una amiga de mi madre y he venido con su hija -digo mientras señalo brevemente a Brook, que contempla la escena con la barbilla apoyada sobre las manos cruzadas.
-Me gustaría verte un día de estos -susurra Jin mientras propasa el perímetro de seguridad y juguetea con el cuello de mi camiseta-. El otro día me dejaste con ganas de más -me guiña un ojo y sonríe mordiéndose el labio inferior. Oigo un ruido que proviene de detrás de mí, pero no le presto mucha atención. Me doy cuenta de que estoy muy cerca de ella y doy un paso hacia atrás.
-No creo que pueda, Jin.
-¡Jin! -grita alguien unas mesas más atrás. Ella se gira y pone cara de fastidio.
-Me tengo que ir. Ya tienes mi número. Dime cuándo puedes y nos vemos -me da un beso en la mejilla y se aleja.
Me doy la vuelta pero por un momento creo que me he equivocado de mesa porque no hay nadie más sentado. Brook no está. Estiro un poco el cuello para intentar verla, pero nada. Le pregunto a un camarero.
-Sí. Una chica con unos ojos muy bonitos, ¿verdad? ¡Cómo olvidarse! -dice de forma agradable-. Se ha marchado hace un minuto. Ha pagado la cuenta de esta mesa y se ha ido -sonríe amablemente para luego volver a su trabajo.
Atravieso el restaurante corriendo y salgo a la calle. Miro hacia la derecha y nada. Miro hacia la izquierda y veo una figura caminando a lo lejos. Voy tras ella mientras grito su nombre pero no se gira. Cuando voy a darme por vencido, dudando de que sea Brook, me doy cuenta de que lleva la misma trenza que ella y empiezo a correr hacia ella. La alcanzo y pongo la mano en su hombro, intentando recuperar el aliento. Ella se gira y me doy cuenta de que tiene los ojos empañados y el rastro de un par de lágrimas aún brillando en sus mejillas.
-¿Qué quieres? -me pregunta cruzándose de brazos y sorbiéndose la nariz.
-¿Cómo que qué quiero? Te has ido del restaurante -digo lentamente, con voz suave.
-No quería estar presente si te la tirabas allí mismo.
-¿Qué? -pregunto a la vez que me pregunto a mí mismo si he oído bien.
-Ya sabes, como se había quedado «con ganas de más».
Mierda.
-No, Brook, no es lo que parece.
-Pues dime lo que parece.
-No es nadie, ¿vale? Es una chica que conocí hace tiempo, pero ya está. No hay nada entre ella y yo.
-Y entonces por eso soy solamente la hija de una amiga de tu madre, ¿verdad?
Apoyo las manos en los hombros de Brook, pero ella se revuelve ligeramente, sin creerse del todo mis palabras. Baja la cabeza y clava su mirada en el suelo.
-Brooklyn, yo sólo te quiero a ti, ¿entiendes? No puedo borrar lo que he hecho en el pasado, aunque ahora me arrepienta, pero si pudiera, te aseguro que lo haría -le sujeto la barbilla y la elevo, haciendo que me mire-. Sólo quiero estar contigo.
Una última lágrima cae lentamente hasta llegar a su mejilla, pero llevo mi dedo índice y la quito antes de que siga su trayectoria.
La miro a los ojos y me siento totalmente despreciable por haberla hecho llorar.
-¿Enserio?
-Sí, enserio.
No dice nada más. Me mira y emprendemos en riguroso silencio el camino de vuelta.
A los pocos minutos llegamos a casa de Brooklyn y cada uno se va muy pronto a su habitación. Casi ni hemos hablado desde lo ocurrido en la calle.
Esa noche no sueño con el amor, ni con nada parecido. Sueño que soy un pirata que tiene el mejor de los tesoros. Probablemente incomparable con cualquier tesoro de cualquier cuento. Es el tesoro que cualquier pirata que se precie sueña con tener. ¿El tesoro de Levasseur? ¡Más quisiera él tener el mio! Mataría por tener aunque sea un mapa para encontrarlo. Pero mi tesoro no es un cofre lleno de oro, diamantes, ni lleno de llaves de coches de lujo. No. ¿Alhajas? ¡Já! Mi tesoro tiene los ojos azules y es el unicornio azul de los tesoros.
la ultima frase me mata, INCREIBLE.
ResponderEliminar