miércoles, 14 de noviembre de 2012

Capítulo 15: Mace

    Brooklyn desayuna, a la vez que lee el periódico, a la vez que se pone un mechón de su pelo sobre el labio superior, fingiendo que tiene un bigote, y todo esto con sus gafas de leer. Parece ser que hacer eso con su pelo es su forma de concentrarse, porque únicamente deja de hacerlo para llevarse una cucharada de cereales a la boca. Saco el móvil sigilosamente y me apresuro a hacer una foto de la mueca que hace Brook cuando al pasar página se encuentra con la sección de economía.
  Hoy vamos a tener nuestra primera-segunda cita, ya que aún no quedó muy claro si la primera de verdad lo había sido o no, porque a pesar de haber sido la primera no contaría si no es una cita, por lo que la de hoy, al ser una cita-de-verdad, contaría, por lo que pasaría a ser una primera cita y lo otro un prólogo-de-cita, entonces se supone que sí, hoy es mi primera cita con Brooklyn. 
  Que conste que toda esa deducción es un mérito teniendo en cuenta lo pronto que es.
  Brook levanta la vista al sentirse observada, ya que la llevo mirando un buen rato, y se sonroja ligeramente, luego se pone bizca y me saca la lengua fugazmente, para después seguir analizando el periódico. En ese momento dejo de estar sentado en una silla y me pongo a flotar por toda la cocina, hasta que me habla sin despegar los ojos del papel.
  -¿Sabes ya a qué sitio me vas a llevar?
  -Si.
  Lo llevo sabiendo desde que me dijo que tenía pánico a las alturas, pero prefiero no dar muchas pistas.
  -¿Y cuál es el lugar elegido, si se puede saber? -pregunta.
  -No puedo decir nada; es una sorpresa.
  -Oh, vamos, una pista aunque sea.
  -Digamos que es algo grande, muy grande.
  Levanta por primera vez la vista del papel y me mira fijamente.

  Llevo a Brook con los ojos tapados con una cosa de esas que parece una bufanda -y que ella ha llamado fouulaaard o algo parecido- todo el camino hasta llegar a nuestro destino. Cuando empieza a oír el bullicio, se tensa ligeramente.
  -¿Dónde estamos? -pregunta varias veces, obteniendo siempre la misma respuesta.
  -Ah, pues no tengo ni idea, me he perdido -contesto yo a modo de misma respuesta.
  Cuando por fin llegamos, la mantengo varios segundos de más con la venda. Empiezo a desatar el nudo. Ella, al ver que lo retraso demasiado, lleva impacientemente sus manos hasta el fouulaaard para deshacer el nudo.
  -¿Tú que opinas de las norias gigantes? -alcanzo a decir, justo antes de que abra los ojos como platos y su mandíbula se desencaje.

     He de decir que Brook es más fuerte de lo que parece, porque me ha costado bastante sujetarla para que no se escapase tras ver el London Eye delante de ella. Durante la cola ha estado cruzada de brazos con la expresión en la cara que se le queda a un niño pequeño cuando le obligas a acostarse pronto.

  -Que sepas que no pienso entrar -dice sin mirarme-. Ni hablar, ni loca, ah-ah, ni en sueños. Me parece fatal que, sabiendo el miedo que me dan las alturas, me traigas a una atracción de estas.
  -Bueno, deberías saber que técnicamente no es una atracción -digo mientras me encojo en hombros-, más bien es un centro turis... -decido callarme al ver la mirada asesina que aparece en su gesto cuando se gira para mirarme por encima del hombro.
  -Me da igual lo que sea, está muy alto.
  -No decías eso cuando mis besos te subían a la estratosfera, nena -contesto mientras guiño un ojo e imito a una pistola con los dedos índice y pulgar a la vez que finjo que disparo.
  Brooklyn se gira amenazante, dispuesta a pegarme pero en ese momento nos indican que ya podemos entrar a nuestra cabina y se para en seco cuando digo:
  -Bueno, no se puede equiparar a lo que sientes cuando estás conmigo, pero algo es algo.
  Murmura algo que parece ser un insulto o una blasfemia y me sigue hacia la cabina. 
  Hay varias parejas más y un grupo de niñas que no dejan de hacerse fotos.
  -¿Por qué no dejan de hacer fotos? -pregunta Brook, respirando fuertemente y abriendo mucho los ojos-. ¿Aquí no es como en los aviones, que se puede caer?
  -¡Es verdad! -digo enérgicamente, dándome una palmada en la frente-. Y los teléfonos 
móviles... Espera -exclamo quedándome inmóvil, como si me acabara de acordar de algo-,  ¿y la gente que esté escuchando música? ¿Los niños con las vídeo-consolas? Madre mía, ¿y las señoras con un marca-pasos? ¡Oh, que Dios nos pille confesados! -exclamo con gesto teatral.
  Brooklyn me mira con una expresión extraña al notar, ligeramente, que la estoy tomando el pelo, ligeramente también. Arruga el entrecejo y la nariz y se dispone a darme el puñetazo del siglo, pero justo antes de eso, alguien grita algo de una fotografía en grupo y Brook traga saliva, aún asociando conceptos entre los aparatos electrónicos y la caída de los aviones.

  Cuando la cabina empieza a moverse, cierra los ojos con fuerza mientras se aferra con las uñas a mi hombro. La rodeo con mis brazos y la beso en la coronilla. Ella alza la cabeza y me mira tímidamente, como si no me conociera. Se separa lentamente y se acerca al cristal, apoya la frente y mira fijamente al exterior. Me pongo a su lado y veo que no tiene los ojos abiertos, todo lo contrario; los tiene cerrados con fuerza mientras arruga la nariz. Me coloco detrás de ella y la beso el cuello. Abre lentamente los ojos y da un grito ahogado al ver la altura a la que nos encontramos. Tras un par de segundos inquieta, sin parar de pestañear o de cambiar el peso de un pie al otro, por fin se queda absolutamente tranquila. Mira con interés a través del cristal y mueve constantemente los ojos, como si quisiera atrapar todos los detalles con sus pupilas. Parece mentira que lleve aquí toda una vida. 
  Se gira y me mira con los ojos brillantes mientras se muerde el labio inferior. Está tan guapa cuando hace eso. Se me acelera el corazón sólo de pensarlo. Se acerca a mi lentamente y me da un beso en la mejilla, dejándome una pequeña marca de brillo de labios. Me da las gracias con un susurro al oído y se vuelve a girar. 
  En ese momento deseo decirla tantas cosas. Tantos sentimientos. Tantas palabras. Quiero decirle que es lo mejor que tengo y que he podido llegar a tener. Quiero que sepa que cada vez que sonríe, que se ríe, que se agita el pelo cuando está alegre o que se toquetea las uñas cuando está nerviosa, cada vez que se mira insegura en el espejo para después preguntarme si algo le queda bien, que se mancha el labio de espuma al beber café y se lo quita con la lengua, que cierra los ojos al escuchar música, que me pide que le alcance algo de una estantería porque no llega, que me dice buenos días con una sonrisa o buenas noches guiñando un ojo, cada vez que me mira durante más de cinco segundos seguidos a los ojos... Cada vez que hace infinitas cosas, vivo un poco más. Quizás ella no sepa que quiero pasar el resto de mi vida con ella, ni que cada vez que veo una lágrima a punto de precipitarse al vacío desde su barbilla tras haber llorado, algo, una luz, se apaga lentamente en mi interior. Eso no lo sabe. Y quiero que lo sepa. Pero, ¿cómo expresar algo que ni tú mismo sabrías definir? Me cuesta horrores hacerle saber lo que siento, lo que pasa por mi mente y lo que ella significa para mi. Digamos que en parte tengo miedo a que ella no sienta lo mismo. ¿Y si ella sólo quiere estar conmigo este verano? Es más, ¿y si ella sólo quiere estar conmigo el tiempo que yo esté aquí?
  -Muchas gracias -me mira con los ojos brillantes-. Gracias por haberme traído aquí.
  Mi corazón da un vuelco cuando le veo sonreír.
  -No es nada.
  Me acerco lentamente a ella, quien cierra despacio los ojos sabiendo qué es lo siguiente.
  En ese momento percibo la luz fugaz de un flash y ella gira rápidamente la cabeza. Traga saliva con dificultad, y en ese momento me doy cuenta de que aún tiene miedo. Una sacudida para mis pensamientos. Una voz anuncia por un altavoz que hay problemas técnicos y que tardarán unos minutos en arreglarlo.
  Me giro para tranquilizar a Brooklyn, pero en ese momento se desvanece, cayendo al suelo como si su alma hubiera dejado de estar en su cuerpo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario